Los años van pasando, de hecho han pasado sin que te des cuenta, casi a traición. Un día te miras en el espejo y descubres unas arruguitas inquietantes en torno a los ojos o la boca; esa grasa en la cintura o las caderas antes no estaba ahí, o sí, pero no te dabas cuenta de ello; en la cabeza el pelo va retrocediendo, ya hay entradas, y sabes que es el primer paso hacia la lenta pero segura desaparición de ese maravilloso cabello que siempre tuviste; o descubres una maldita cana, tal vez la primera de muchas; las copas que antes casi no te afectaban ahora te hacen arrastrarte como un zombi a la mañana siguiente; antes, las personas del sexo contrario —y también algunas del mismo sexo—, solían interesarse por ti y tú notabas sus miradas de deseo, las dabas por hecho como algo cotidiano…; pero ahora solo notas indiferencia; tu físico ya no le importa a la gente, no eres tan atractivo o atractiva como antes, y lo sabes. Antes, en los comercios te trataban de tú y ahora te tratan de usted. Te llaman señor y señora. Puede que te invada una ligera sensación de angustia al darte cuenta de que no te queda tanto tiempo; antes veías tu vida como un espacio infinito que nunca tendría fin, pero ahora empiezas a comprender que sí, que tú también tienes fecha de caducidad, que ese momento se acerca y que además la cuenta atrás es imparable. Puedes preguntarte qué demonios has hecho con tu vida: ¿la has malgastado?, y sentirte intranquilo porque tal vez no tengas tiempo suficiente de hacer todo lo que aún quieres hacer. Por otro lado, la sociedad ya tiene un lugar concreto donde meterte y no es tan fácil hacer locuras, como antes, pues a los jóvenes se les perdonan las locuras… ¿Pero a ti? ¿Alguien ya mayor, haciendo el loco y creyéndose un jovencito? Se supone que ya tendrías que haber conseguido ciertas cosas, pero… ¿las has conseguido? Las crisis de los 30, los 35, los 40, los 45… Todas te esperan, una tras otra, dispuestas a envolverte en sus brazos de hielo. De pronto, te das cuenta de algo que ya ibas intuyendo y que ahora se hace presente con fuerza, como un seco y crudo bofetón: ya no eres joven.

Los psicólogos sanitarios en nuestras consultas comprobamos que uno de los sufrimientos más frecuentes de las personas tiene que ver con la pérdida de la juventud. La perspectiva de la madurez y la vejez entristece profundamente y produce una serie de sensaciones desagradables que van desde el miedo, pasando por la intranquilidad y la angustia, hasta la tristeza e incluso la desesperación (te sugiero que leas mi entrada ANTE LA DESESPERACIÓN). El envejecimiento suele provocar pensamientos y emociones negativas, y es que en el imaginario colectivo la juventud está asociada a la belleza, la salud, la vitalidad, la energía, la alegría y otras muchas cualidades positivas. En cambio, la vejez está asociada a estereotipos negativos como la dependencia, la enfermedad, el declive, el deterioro, la inutilidad, la tristeza, la soledad, etc.

Pero la gran paradoja de la vejez es que hay bastantes estudios (1) de probada calidad que demuestran empíricamente que, en las edades avanzadas, sobre todo aquellas que superan los 60, las personas sienten una calma y un bienestar mucho mayores que en edades anteriores. Sí, lo has leído bien: hay estudios serios que demuestran que las personas mayores pueden ser incluso más felices que las jóvenes. ¿Por qué? Con el paso de los años disponemos de mayor experiencia y habilidades en el proceso de enfrentarnos a la frustración, a los golpes y decepciones de la vida, a los achaques, los sufrimientos y los reveses, que son una carga ineludible de nuestra existencia, por mucho que ciertos fanáticos del optimismo se empeñen en decir que se puede ser feliz siempre… ¡a todas horas! Podemos decir que los jóvenes tienen más energía, fuerza y motivación, pero esto no equivale a mayor felicidad, porque cada frustración es mucho más dolorosa a los 20 que a los 60. En la madurez y en la vejez hemos desarrollado una auténtica coraza emocional, creada durante nuestro largo proceso de adaptación a la existencia, y esto nos permite valorar las cosas con mayor frialdad, tranquilidad e incluso aceptación. Sin embargo, en la juventud toda decepción y frustración se nos clava con mayor fuerza porque aún tenemos la piel emocional muy tierna y fina, aún nos creemos los reyes del universo y pensamos que todo debe girar a nuestro alrededor. Con el transcurrir de la vida esta imagen se atenúa y nos damos cuenta de que debemos aceptar muchas cosas que no nos gustan, sin rabietas ni llantinas juveniles, y que no queda más remedio que hacer las paces con el mundo y con nuestra propia vida. Para algunos parecerá cinismo y para otros madurez, pero es entonces cuando asimilamos que muchas cosas no podemos cambiarlas, y tras la decepción llega la aceptación, y la serenidad. El joven, en cambio, siempre quiere cambiarlo todo y sufre muchísimo al no conseguirlo. La propia experiencia en el proceso de vivir nos permite desarrollar mejores recursos cognitivos, emocionales, sentimentales y físicos que nos facilitan la adaptación a las distintas e inesperadas vicisitudes de la vida. Además, es más habitual que según va pasando nuestra vida nos estabilicemos en niveles socioeconómicos, emocionales, personales. E incluso en el caso de la soledad, esta es más horrible y dolorosa a los 20 o los 30 que a los 60 o 70, pues en este caso nos hemos ido ya acostumbrando a ella y quizá hayamos aprendido a darle la vuelta a la situación y terminemos valorándola, y hasta amándola. Aunque todo esto puede parecer derrotista, no lo es en absoluto: por supuesto, alguien maduro o anciano puede luchar por cambiar las cosas, la economía o la sociedad, por cambiar su vida, por conseguir grandes logros; pero a esas alturas ya sabrá que va a haber contratiempos y dificultades y que no todo será un camino de rosas. Por otro lado ya se ha probado a sí mismo, ya se conoce bastante bien, tanto en sus virtudes como en sus defectos, y sabe mejor de lo que es capaz. Gracias a todas estas experiencias (y aquí viene la siguiente paradoja) la gente madura y anciana que lleva a cabo proyectos y tiene ambiciones suele ser mucho más eficiente y consigue mejores resultados que la gente joven. Los jóvenes hacen más pero también se equivocan más, al no contar con el valor de la experiencia. Pero los maduros y ancianos hacen menos, toman menos decisiones, las sopesan más, y por tanto sus resultados pueden ser más duraderos. En las sociedades de la Antigüedad, precisamente cuando había más peligro de guerra, de invasiones y de muerte y sangre, el poder estaba en manos de ancianos, no de jóvenes, porque eran los ancianos los que tenían el valor inconmensurable de la experiencia, y los mejores consejeros de los reyes eran ancianos o al menos personas maduras, nunca jóvenes. Las personas maduras y veteranas tienen otra concepción del tiempo: saben que es limitado y si han de emplearlo, lo emplearán mejor, sin derrocharlo. La juventud muchas veces no entiende el concepto de la paciencia, pues lo quiere todo ahora, ya, ¡de inmediato! Los maduros y ancianos saben que las cosas importantes requieren de mucho tiempo, casi siempre años, y que es muy fácil frustrarse si no se ha aprendido a trabajar duro día tras día, sin esperar resultados espectaculares, pero sí regulares y seguros.

Entonces, ¿de dónde vienen el miedo, la angustia y la tristeza que producen el ir cumpliendo años? Además de los clichés y tópicos sociales a los que aludía anteriormente, las razones pueden ser muchas y variadas… Pero permíteme que reflexione contigo en algo muy habitual, que se produce alrededor de los 40 años (es una cifra aproximada, pues en algunos llega antes y en otros después):

Para todos los seres humanos llega un momento ineludible en el que toca hacer un balance existencial de lo que somos, lo que hemos conseguido y dónde estamos. Entonces, hacemos una comparación entre los sueños, objetivos y metas de hace años con los resultados que ahora tenemos. Este balance debe ser sincero y honesto, porque si nos mentimos a nosotros mismos la realidad, que no perdona a nadie y menos a los mentirosos, te pasará por encima como un tanque y te aplastará, y a la larga será mucho peor. Al hacer este balance existencial pensamos en cómo estamos y comprendemos que ya queda menos por vivir (te sugiero leer mi entrada de LA MUERTE). Nos hacemos plenamente conscientes de lo que hemos conseguido y sobre todo de lo que no hemos conseguido. Y si ese balance nos parece negativo, es decir, si no creemos haber logrado todo lo que anhelábamos, nos desesperamos ante la agonía de la incapacidad de lograrlo, pues de pronto nuestro futuro parece demasiado pequeño, demasiado corto. Este puede ser uno de los mayores tsunamis emocionales que nos toque vivir; puede que nos arrastre y barra, dejándonos deprimidos, confusos e incluso enrabiados. Pero es necesario ser sinceros porque, como he dicho antes, la frustración y el dolor no se curan por sí solos: hay que afrontarlos.

Si estás viviendo ahora esa sensación de desesperación por tu edad, por lo que consideras la pérdida de la maravillosa y dorada juventud, quizá sea un buen momento para que vengas a terapia. La terapia psicológica te va a ayudar a organizar tu mundo, a reflexionar sobre lo buscado y lo obtenido y a ponerte metas y sueños, de manera a la vez sensata y estimulante. Puedes recuperar la alegría de vivir y que los años no cuenten tanto, porque tu vida quizá se vuelva tan satisfactoria que ni siquiera te hagas consciente del número actual de tu propia cronología. A los 40, 50, 60… ¡incluso a los 100!, se puede estar muy motivado y plantearse retos y desafíos que mantengan poderoso el fuego y la pasión, el deseo de saber qué demonios va a ocurrir mañana. Esto no tiene que ver con una fe ciega en el destino, en procesos mágicos, en fantásticas y cósmicas leyes de atracción o en pensamientos irracionales; pero sí tiene que ver con el viaje del autoconocimiento, con la aclaración de tus propios valores, con el análisis de tu vida, de lo que puedes o no cambiar, y de la toma de decisiones valientes y a la vez realistas. Lo más horrible de tener una fecha de caducidad es a la vez lo más maravilloso: tienes poco tiempo y hay que aprovecharlo. No le eches la culpa a nadie, no le entregues a nadie la responsabilidad de tu vida, agarra tú el timón y lleva tú la nave a través de mares tormentosos o mares tranquilos. Puedes vivir una vida apasionante a cualquier edad, puedes levantarte tras todos los golpes, decepciones, tropezones, desengaños, desilusiones, fracasos y frustraciones, puedes reconstruirte para ser más fuerte que todo eso y comprender que precisamente por eso, porque la vida es un camino horriblemente difícil y complicado, ante el cual o bien te desplomas y sufres hasta que te mueras, o bien te levantas y eliges la senda del héroe o la heroína y te conviertes en un guerrero o una guerrera invencible, en artista, en poeta, en sabio, en un rey y una reina, en niño o niña sobrecogidos por la curiosidad y la admiración, y recorres ese camino bailando con fortaleza y pasión y alegría y belleza, y con dicha…, por eso mismo, la vida es tan maravillosa. Y a cualquier edad.

 

Aunque la terapia con un psicólogo sanitario es seguramente la mejor opción para vencer el sufrimiento humano, si sigues mi Newsletter ya te habrás dado cuenta de que en mis artículos me gusta proponer ejercicios que, sin necesidad de un terapeuta, den calma emocional o al menos que ayuden a reflexionar sobre dónde estás y qué quieres. Este artículo no será una excepción, así que, si te sientes viejo/a, decrépito/a, achacoso, inservible, inútil, cansado, arrugado, feo, acabado, una antigualla, o ves tu futuro como un túnel oscuro y aburrido que solo tiene un final: la tumba, te sugiero que practiques un ejercicio. Solo es un ejercicio y no se puede comparar a la potencia y profundidad que tiene una terapia. Y como siempre advierto, es posible que a ti no te sirva. Cada persona es en sí misma un universo. Los psicólogos buscamos la mejor manera de ayudar a nuestros pacientes y para ello tenemos que hacer una evaluación profunda y distinta de cada persona. Si este ejercicio no te sirve no pienses que tú no tienes remedio, simplemente no es para ti, y en ese caso habría que indagar y buscar en tu personalidad para saber qué otros ejercicios te convienen. Pero en todo caso no pierdes nada por probarlo, así que vamos allá.

Para empezar, te sugiero que crees un fichero de personas mayores que te pueden enseñar algo valioso. Puedes utilizar una agenda, un cuaderno, un archivo, cajas en las que metas cartas escritas a mano… Tú ya sabes cuál es tu método personal, el que más te motive. Habrá categorías de personas de más de 30 años, de más de 40, de más de 50, 60, 70, 80, 100…

Ahora, has de hacer lo siguiente:

  1. Una búsqueda en internet o en libros de personas mayores de la edad escogida en cada categoría, que sean exitosas en aquello que a ti te preocupa no poder hacer, o que lleven el tipo de vida que a ti te motiva, fascina y atrae, en esa (tu) edad.

Por ejemplo, si tu edad es la de 50 años y si bailar te gusta, puedes hacer búsquedas de bailarines que empezaron a bailar alrededor de los 50 años, viajeros mayores de 50 años, exitosos emprendedores mayores de 50 años, filósofos e intelectuales mayores de 50 años, aventureros mayores de 50 años, artistas mayores de 50 años, personas mayores de 50 años que se han sobrepuesto a achaques físicos increíbles o que han superado enfermedades espantosas cuando otros ya las habían dado por perdidas, artistas de más de 50 años, atletas de más de 50 años, estudiantes de más de 50 años, alguien capaz de enamorarse y despertar el amor en otros a los 50 años, alguien que tiene una vida sexual increíble a los 50 años, alguien que cambia de trabajo y de vida a los 50 años, alguien extrovertido y que no teme hablar ni hacer lo que quiera a los 50 años, etc… No creas que no los encontrarás, en esta era de la información digital habrá alguien que sin duda te va a enseñar muchas cosas, alguien capaz de motivarte. No seas perezoso y busca, busca como el perro que al final halla su premio.

  1. Según vas encontrando dichas personas, organiza la información, guardándola en tu caja, archivo de ordenador, cuaderno escrito o aquel soporte que hayas escogido.
  2. De todas las personas que encuentres, escoge una (o varias) que especialmente te inspire, e investiga más sobre dicha persona. Empápate todo lo que puedas de la vida de esa persona. Investiga qué obstáculos ha tenido que superar, qué críticas familiares o sociales ha debido soportar, qué puede motivarle, qué cosas le fascinan, cómo ha superado los golpes y la mirada de los otros… No te digo que seas él o ella, que la copies y anules tu propia personalidad, pues tú eres único e infinitamente valioso. Solo digo que analices a esa persona para extraer de ella las enseñanzas que tú puedes integrar en tu propia vida, con tu propia personalidad.
  3. Pregúntate que te diría dicha persona si le contaras tus pesares y tus miedos respecto a tu edad. Imagínate hablando con él o ella, conversando ante una taza de café o té, o tomando un refresco, o paseando con esa persona. ¿Qué consejos te daría? ¿Qué te diría en ese momento? ¿Qué puede enseñarte? Al contrario de lo que piensa mucha gente, las personas que han alcanzado grandes metas o superado grandes obstáculos están deseando entregar sus enseñanzas y mostrar su camino a todos los que quieran aprender. ¿Por qué no te lo iba a contar a ti? Imagínalo con todo tipo de detalles, profundamente.

¿Qué vas a conseguir con este ejercicio? Darte cuenta de que la edad no es ningún impedimento para disfrutar y vivir intensamente, porque en el ejemplo vivo y real de otras personas te darás cuenta que se pueden hacer muchas cosas motivadoras, a cualquier edad. Puedes buscar referentes en los que apoyarte para vivir las actividades que te gustan y apasionan. Puedes tener una fuente de inspiración para convertir tu vida en el viaje cálido, profundo y satisfactorio que deseas, o bien en esa aventura que quieres, plena de retos salvajes.

Espero que este artículo te haya servido para explorar tu propio interior, pues el viaje al interior es el más increíble de los viajes que puede hacer un ser humano. Recuerda que ante situaciones difíciles y complicadas visitar a un psicólogo sanitario puede ser una muy buena opción para clarificarte y superar aquello que ahora te hace sufrir.

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Que tengas un día maravilloso.

Natalia Aguado

Directora de NVAG Centro de Psicología y Psicóloga Sanitaria.

NVAG Centro de Psicología es un centro sanitario en Alcobendas (Madrid), en el cual la psicóloga sanitaria Natalia Aguado ofrece servicios de psicoterapia. Para más información visita www.nvagpsicologia.com

(1) Referencias

Fernández, R., La Psicología De la Vejez. Universidad Autónoma de Madrid. http://www.encuentros-multidisciplinares.org/Revistanº16/Roc%C3%ADo%20Fernandez%20Ballesteros.pdf

Jopp, Daniela; Rott, Christoph. (2006). Adaptation in very old age: Exploring the role of resources, beliefs, and attitudes for centenarians’ happiness. APA PsycNET Direct. Psychology and Aging, Vol 21(2), pp. 266-280. https://psycnet.apa.org/buy/2006-07381-007

Laura Carstensen at TED Ideas worth spreadin. Older people are happier. https://www.ted.com/talks/laura_carstensen_older_people_are_happier?language=en#t-4633