Tratamiento psicológico para las obsesiones y compulsiones en Alcobendas

Imagina que tuvieras que revisar diez veces el interior de tu coche cada vez que lo aparcas, porque tienes el pensamiento recurrente e invasivo de haberte dejado algo olvidado en él. O que debes volver al garaje otras tantas veces para comprobar que las luces de ese coche están apagadas. Imagina que tienes que llamar cada cinco minutos a un ser querido porque tienes la imagen vívida en tu cabeza de que le ha pasado algo horrible; y a pesar de decirte esa persona una y otra vez que no le ocurre nada, sigues imaginándolo. Puede que tardes media hora en el simple hecho de peinarte porque tienes la idea extraña, pero totalmente real para ti, de que si uno solo de tus pelos está despeinado no podrás llevar a cabo la vida con normalidad y te ocurrirá algo terrible; y que además debes mirarte en cada espejo y escaparate que te encuentres para cerciorarte de que sigues bien peinado. O te atas los cordones de los zapatos cada minuto, sin poder evitarlo, en una especie de automatismo irresistible, cuando estás en un lugar o situación que te ponen mínimamente nervioso.

En efecto, hay personas cuya vida cotidiana puede ser un infierno por culpa de sus obsesiones y compulsiones, es decir, por pensamientos recurrentes que no pueden controlar, que les obligan a llevar a cabo acciones también incontroladas, que rompen por completo no solo su rutina diaria, sino que lesionan su autoestima y su confianza en sí mismas, y además hacen imposible vivir con un mínimo de tranquilidad. También hacen difícil la convivencia con otras personas, que a menudo no entienden qué le está pasando a su ser querido y por qué tiene un comportamiento tan anómalo. Es un serio problema porque además produce vergüenza y falta de confianza, y puede llevar a la soledad y al aislamiento cuando las personas que lo sufren son incapaces incluso de salir de casa.

Esto es algo muy real, una auténtica pesadilla para muchas personas, que necesitan comprensión y la ayuda de un buen psicólogo sanitario para acabar con sus pensamientos obsesivos y sus acciones compulsivas. Si te sientes aunque sea mínimamente identificado con este problema, no tardes en buscar la ayuda que necesitas. En NVAG Centro de Psicología podemos dártela.

Pero en primer lugar, debemos clarificar algunos conceptos con los que estamos tratando. Así pues, empecemos por hacernos unas preguntas fundamentales:

¿Qué es una obsesión?

Las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes repetidas y constantes que se experimentan como inoportunas y no deseadas. Generan ansiedad y mucho malestar.

Por tanto, la obsesión pertenece al campo del pensamiento. No es algo físico, sino puramente mental. Pero al ser tan recurrentes, la persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes con algún otro pensamiento que se vuelve también incontrolable, o bien con conductas que se reproducen de manera automática.

¿Qué es una compulsión?

Ya hemos visto que la obsesión pertenece al campo mental y del pensamiento y ahora veremos que la compulsión puede ser un acto físico (una conducta o acción concreta, como lavarse las manos repetidas veces) o bien un acto mental (contar números, rezar, repetir palabras en la mente…). Para que un comportamiento o un acto mental sea compulsivo debe repetirse excesivamente. Surge como respuesta a la obsesión. Además, la correspondencia entre la obsesión y la compulsión sigue unas pautas determinadas y rígidas. Por ejemplo, una persona que viaja en autobús puede tener el pensamiento recurrente de que va a llegar siempre tarde a su destino por algún imprevisto, como un accidente o un pinchazo; este pensamiento recurrente sería la obsesión. La obsesión provocaría una compulsión, en forma de comportamiento repetitivo (abrir y cerrar los puños durante todo el viaje) o de acto mental (repetirse las tablas de multiplicar).

El objetivo de la compulsión, ya sea en forma de comportamientos o de actos mentales, es prevenir o disminuir la ansiedad y el malestar que provoca la obsesión. Pero estos comportamientos o actos mentales compulsivos no están conectados de una manera realista con los destinados a neutralizar o prevenir; o bien, si tienen alguna conexión, se han llevado hasta extremos exagerados. En el ejemplo de nuestro viajero de autobús, su acto de abrir y cerrar los puños no está conectado de ningún modo con su obsesión por llegar tarde, pero su compulsión mental de multiplicar números sin descanso pudiera haber surgido porque en algún lugar leyó que ante un temor hay que distraerse pensando en otra cosa, como sumar o multiplicar números, y ha llevado tal razonamiento a un extremo tan desmesurado que ahora ha desarrollado una compulsión incontrolable, la cual a su vez aumenta su malestar.

¿Cuándo las obsesiones y compulsiones son un problema?

Lógicamente, las obsesiones y compulsiones son en sí mismas un contratiempo en el mejor de los casos, algo molesto y desagradable, pero se convierten en un auténtico problema, un problema existencial serio, cuando se producen muy repetidas veces durante el día (o la noche); y en este caso, también puede ocurrir que duren mucho tiempo, malgastando ese tiempo disponible, que debería emplearse en actividades cotidianas y productivas (por ejemplo, limpiar la casa sin cesar puede impedir la asistencia a clase o al trabajo). Por otro lado, hay compulsiones que pueden provocar daños físicos, como las relacionadas con ciertos movimientos incontrolables (por ejemplo, no parar de rascarse o hacer ejercicio excesivo durante demasiados días). También las compulsiones mentales pueden causar trastornos físicos, como migrañas, jaqueca y agotamiento generalizado. Las compulsiones son un problema cuando estorban, dificultan o incluso impiden la comunicación e interrelación con los demás; en este caso afectan a la vida social de la persona, impidiéndole hablar con otros, acercarse a otros, tener pareja, amigos, relaciones de negocios, laborales o de otra índole. Esto puede llevar a la persona a recluirse y vivir en una soledad forzosa, por vergüenza o por miedo. También resultan un evidente problema cuando la compulsión molesta a otras personas y estas se alejan o recriminan a la persona, que por otro lado no puede detener el acto compulsivo (por ejemplo, una persona que no puede dejar de bisbisear o hablar consigo misma resultaría al final molesta a quienes tiene cerca y no podría asistir a actos en los que se requiere silencio, como un funeral).

Las obsesiones acarrean sufrimiento en sí mismas porque la persona siente que no es dueña de su propia mente y sus pensamientos. Incluso puede temer por su propia cordura. Quizás no acabe de entender por qué le ocurre todo esto. Evidentemente, las obsesiones y compulsiones, por todo lo dicho antes, generan siempre un problema de estrés y ansiedad en el individuo, y el estrés tiene no solo consecuencias cognitivas y emocionales, sino que, alargado en el tiempo, puede provocar daños fisiológicos en el cuerpo de la persona.

¿Cómo afectan las obsesiones y compulsiones a nuestras vidas?

Las obsesiones y compulsiones afectan de manera importante, a veces dramática, tanto a la vida de quienes las sufren como de los que están cerca.

En primer lugar, y respecto a sí misma, la persona siente que no tiene el control de su propia mente, quizás tampoco de su cuerpo, y que por tanto no tiene el control sobre su vida, de tal modo que su existencia muestra momentos o periodos en los cuales su voluntad no cuenta para nada. Incluso puede ocurrir que sienta auténtico miedo de volverse loca y de que no vuelva a controlar absolutamente ningún aspecto de su vida. Esto produce los posibles daños físicos, psicológicos, emocionales y el estrés que ya se comentaron antes.

En segundo lugar, las obsesiones y compulsiones pueden afectar a la vida de las otras personas, es decir, amigos, parientes, pareja, compañeros de trabajo o estudio, o incluso cualquier persona con quien tenga un contacto ocasional o casual, y ante la cual lleve a cabo la compulsión. Así, las compulsiones (sobre todo físicas) pueden causar disgusto, rechazo y alejamiento de otras personas, o al menos asombro y extrañeza. Por supuesto, no hay que subestimar ni olvidar el sufrimiento de las personas cercanas a quien sufre la obsesión y compulsión.

Y, en tercer lugar, afecta a la vida social, a la interacción social entre la persona y los demás, entre el yo y el otro. Dificulta esas relaciones e incluso puede imposibilitarlas. El individuo puede sentirse aislado y solo, sentir miedo al ridículo, a enfrentarse a los demás, y estos a su vez puede que no muestren la suficiente comprensión y también lo alejen de ellos, o que directamente se alejen ellos de él.

¿Qué síntomas tienen las obsesiones y compulsiones?

COGNITIVOS (MENTALES):

o Afluencia en masa de pensamientos encadenados que no se pueden controlar.
o Imposibilidad de abandonar un pensamiento o tipo de pensamiento, por mucho que se intente.
o Miedo, inseguridades, temor a personas, situaciones o lugares.
o Repetición automática (compulsión) de pensamientos estandarizados y rígidos (rezos, numeraciones, tablas de sumar, multiplicar…, canciones, fórmulas, etc.)
o Anticipación de daños, catástrofes y situaciones negativas.
o Rumiación, darle vueltas mentalmente una y otra vez a lo mismo.
o Incapacidad de concentración en estudios, tareas laborales o de otro tipo.
o Pensamientos irracionales de muchos tipos, como creer que se debe llevar un color concreto de ropa para que no suceda algo malo.
o Tensión, angustia y estrés.

FÍSICOS Y CONDUCTUALES:

o Repetición de movimientos físicos estandarizados, ya sea uno concreto (pasarse la mano por el pelo, rascarse el cuello…), como encadenados (secuencia de lavarse la cara, secarse y peinarse).
o Movimientos espasmódicos y tics.
o Insomnio, falta de sueño.
o Agotamiento por culpa de compulsiones físicas esforzadas.
o Adelgazamiento insano.
o Conductas absurdas o aberrantes, por lo general repetitivas, como arrancar y apagar muchas veces el motor de un coche antes de conducirlo, limpiar un baño varias veces seguidas, colocar y descolocar objetos decorativos de un dormitorio, etc.
o Actividades físicas realizadas de un modo excesivo o exagerado (caminar con rapidez durante horas, practicar deporte o entrenamientos todos los días con demasiada intensidad, y puede que más de una vez al día, etc.).
o Hablar y hacer aspavientos al hablar, de un modo acelerado. No poder parar de hablar.
o Comportamientos sociales extraños en presencia de otras personas: no darle la mano a nadie, no soportar que haya nadie nunca tras la espalda, etc.
o Tensión muscular frecuente.

EMOCIONALES

o Irritación, pérdida de los nervios, agresividad.
o Tristeza, desesperanza tras las conductas compulsivas.
o Miedos y temores concretos, a las demás personas, a ciertas circunstancias, a perder la cordura.
o Miedo generalizado a la existencia cotidiana.
o Sentimientos de incapacidad y vergüenza.
o Sentimientos de incomprensión, soledad y aislamiento.

Tipos de obsesiones y compulsiones

Estas son algunos de los factores y situaciones que pueden originar y desencadenar obsesiones y, posiblemente, compulsiones:

ASPECTO FÍSICO:

o Preocupación por una o más imperfecciones percibidas en el aspecto físico, que no son observables o parecen sin importancia para otras personas. Puede ocurrir en el propio cuerpo (taparse la boca por pensar que se tienen los labios cortados o despellejados) o en la vestimenta (alisarse constantemente la ropa por temor a que aparezcan arrugas).
o Comparación obsesiva del aspecto físico (el cuerpo y/o la vestimenta) con el de los otros.
o Creer que se tiene algún tipo de deformidad o característica física extraña o aberrante.
o Creer de un modo irracional que se tiene una enfermedad o trastorno de tipo físico.
o Pensar obsesivamente que se está sucio, manchado o poco limpio, en el propio cuerpo y/o en la ropa.
o Pensar que el comportamiento físico (al andar, por ejemplo) es anómalo y extraño.
o Pensar que alguna característica física es, de manera natural, horrible (por ejemplo, creer que el color de los ojos es “feo” y llevar gafas de sol puestas todo el tiempo para ocultarlo).
o Concentración excesiva en el propio comportamiento natural del cuerpo (cómo se traga y se produce saliva, la cantidad de veces que se parpadea, etc.).
o Debido a todos estos factores que pueden originar la obsesión, la persona puede crear compulsiones físicas (movimientos, conductas y comportamientos físicos repetitivos, de forma rígida y automática): mirarse al espejo, asearse, peinarse, ducharse, limpiar y cepillar la ropa o los zapatos, probarse muchos tipos de ropa, hacer ejercicio físico en exceso, taparse la cara, comer de un modo compulsivo, dejar de comer, rascarse o frotarse, tirar del pelo y arrancárselo, etc.

CONDUCTAS Y COMPORTAMIENTOS EN CASA:

o Dificultad persistente de deshacerse o renunciar a las posesiones, independientemente de su valor real, que pueden acumularse en salas, habitaciones, patios, pasillos, etc., haciendo incluso difícil el moverse.
o Limpieza exagerada y repetitiva: fregar suelos, quitar el polvo, barrer, etc.
o No soportar que los objetos y elementos decorativos (libros, revistas, jarrones, ceniceros, cuadros…) no estén colocados en perfecto orden; o bien, si lo están, volverlos a colocar una y otra vez; o bien cambiar su situación de manera repetitiva.
o Asegurarse muchas veces de que todas las puertas están cerradas. Volver una y otra vez a la casa para cerciorarse de que todo está cerrado y apagado.
o Levantarse por la noche para verificar que no hay nadie más en la habitación o en la casa. Encender y apagar la luz repetidas veces.
o Comprobar sin descanso que no se han perdido objetos, que siguen donde deben estar.
o Contar objetos.
o Almacenar grandes cantidades de comida o de medicamentos.

COGNITIVOS:

o Ideas prohibidas y tabús, de tipo religioso, sexual o moral, que producen irritación, vergüenza, asco y miedo. Por ejemplo, miedo a convertirse en pedófilo por mirar a niños, o en homosexual por mirar a personas del mismo sexo, a mantener conductas sexuales aberrantes; temor a robar o engañar y no poder controlarse; miedo continuo a la tentación y a pecar, a condenarse en el infierno, a ofender a Dios… Necesidad de rezar sin descanso, de llevar a cabo penitencias. Y en el sentido contrario, necesidad de blasfemar, de ofender los sentimientos religiosos de las personas, de insultar a creyentes y cometer actos improcedentes en lugares sagrados.
o Pensamientos recurrentes de que se va a hacer daño a seres queridos (a hijos, padres, pareja, etc.), y sentir horror por ello. Es frecuente en este caso el miedo de padres y madres aterrados por pensamientos de hacer daño a sus bebés o niños pequeños, golpeándolos, hiriéndolos o asfixiándolos. También se puede temer el golpear o matar a personas inocentes, por ejemplo, en la calle.
o Miedos irracionales a dormir con la luz apagada, a que haya puertas cerradas o abiertas, a las ventanas abiertas.
o Pensamientos irracionales de tipo supersticioso, como el usar solo un tipo de silla, entrar siempre con el mismo pie en una sala, no pisar las junturas de las baldosas del suelo, etc.
o Repetir fórmulas matemáticas, canciones, secuencias de palabras, textos aprendidos, frases, refranes, etc., al creer que esa es la única forma de evitar una catástrofe.
o Todo tipo de previsiones irracionales y anticipaciones de que las cosas van a ir necesariamente mal, por ejemplo, al usar trenes, aviones y otros medios de transporte.
o Establecer conexiones causa-efecto irracionales: si no se peina muchas veces algo horrible ocurrirá, si no se levanta a una hora exacta todo irá mal, etc.
o Excesiva rigidez mental ante el comportamiento o pensamiento de los demás.
o Afán desmesurado de perfeccionismo, de ser el mejor.
o No poder soportar la incertidumbre y el no conocerlo todo sobre el futuro. Necesidad excesiva de tenerlo todo bajo control.

RELACIONES INTERPERSONALES

o La persona se siente maltratada por cualquier cosa que se diga de ella, tiene pensamientos recurrentes de que todos la odian, o la temen, o sienten asco ante ella, o que se burlan de ella. Se siente amenazada o maltratada por todos los miembros de su familia, sus amigos, su entorno laboral, etc.
o No soportar la cercanía de nadie.
o No soportar las miradas de otras personas.
o No poder estar en lugares llenos de gente, o bien el quedarse solo.
o Llamar por teléfono repetidas veces a una persona para preguntarle lo mismo, preocupándose por su salud, etc.
o Pretender obligar a hijos y otras personas queridas al cargo de la persona, que lleven a cabo conductas repetitivas exageradas o extrañas (un cónyuge le puede decir al otro que debe llevar la ropa de un modo determinado o algo malo puede ocurrirle).
o Fijarse de manera obsesiva en el comportamiento y aspecto de los demás.
o Compararse sin cesar con los demás.

SITUACIONES Y CONTEXTOS SOCIALES

o Imposibilidad de usar baños públicos o, de hacerlo, necesidad de limpiarse compulsivamente.
o No poder tocar a nadie, no poder dar la mano o un beso en la mejilla, no soportar el roce ni el toque de nadie.
o No poder tocar el pomo o mango de una puerta, o los botones de un ascensor, o teléfonos públicos, o sentarse en un asiento de tren o de autobús.
o Encontrar de manera reiterada defectos excesivos en los demás (pareja, amigos, etc.) y pensar por ello que son todos insoportables.
o Trabajar en exceso. Ser demasiado competitivo.
o Mostrar agresividad sin necesidad alguna. Sentirse siempre amenazado o atacado por los demás.
o Miedo a perder el control en actos sociales, por ejemplo, a decir palabras malsonantes y ofensivas, a comportarse de modo vergonzoso, a cometer errores de educación y etiqueta. Esto puede llevar a no hablar en público, aislarse, o bien tener conductas extrañas, como por ejemplo colocar una y otra vez los cubiertos y el plato en la mesa.

Si te reconoces en algunos de estos síntomas, en NVAG Psicología podemos ayudarte

En efecto, si reconoces en ti algunos de estos síntomas, si te has visto reflejado en alguna de estas situaciones, si has sufrido algo parecido, si, aunque no hayas encontrado un síntoma que te identifique, sospechas que tú también sufres una obsesión y quizás una compulsión, puedes llamarnos y en NVAG Centro de Psicología te ayudaremos. No tienes por qué vivir obsesionado, en el seno de una pesadilla. Un buen profesional de la Psicología sanitaria puede caminar junto a ti en la terapia que te ayude a salir de este pozo, de esta intranquilidad. Sí, es posible. Hay muchas personas como tú, que sufren de pensamientos obsesivos y tal vez de compulsiones originadas por ellos, y también hay muchas, muchísimas, que, gracias al trabajo terapéutico adecuado, se han ido liberando de la tensión y la oscuridad y ahora viven de una manera tranquila y sosegada, satisfactoria, en la luz.

¿Como tratar un obsesion o una compulsión?

La labor que llevamos a cabo es la de un psicólogo, no la de un psiquiatra (aunque ambas deben ser complementarias), así que no enfocamos el problema desde el prisma de la medicación. Debemos conocer si el paciente está medicado y sus antecedentes médicos, pero nuestra labor es la de una terapia de psicología sanitaria, en toda su extensión y con todo nuestro conocimiento y herramientas terapéuticas, para ayudar al paciente.

Cada problema obsesivo-compulsivo y cada paciente son elementos demasiado profundos y complejos como para dar una tabla o una guía rígidas en cuanto a qué hacer, máxime cuando pueden existir otros problemas interrelacionados. Nuestra filosofía es la de no dar nada por sabido hasta que de verdad se sabe; es decir, hasta que no se ha analizado bien a cada persona y sus circunstancias. Solo entonces se puede actuar. Así pues, te invitamos a ver cuál es nuestro modo general de actuación para solventar por completo tus dudas:

Si quieres saber cómo podemos ayudarte, en este o cualquier otro problema, puedes conocer aquí