El año acaba y llegan las fiestas de Navidad. Para algunos son fechas para disfrutar, entrañables y familiares, coloridas, brillantes, llenas de alegría y de ilusión; para otros son días libres o de vacaciones en los que tomarse un descanso o viajar; para otros son un momento especial de fe y significado religioso en el que vivir profundamente sus creencias más importantes; para algunos son un suplicio y casi una tortura por el deber de asumir compromisos que no quieren pero se exigen a sí mismos (relacionados sobre todo con las reuniones familiares, en ocasiones complicadas); y no debemos olvidar a quienes sienten las Navidades como un periodo triste debido a pérdidas personales, a situaciones de soledad y aislamiento, agravadas por el imperativo popular y machacón del hay que ser felices a toda costa, que aumentan su propio sufrimiento; y los hay que no dejan de mostrar los colmillos y de quejarse al considerar estas fiestas como un ejercicio de hipocresía y consumismo. Ante un hecho tan trascendente como son las Navidades, cada cual elabora su propio significado, forjado en la fragua de sus experiencias y convicciones…

Sea como sea, las Navidades no dejan indiferente a casi nadie.

Pero esta entrada no aspira a ser una disertación sobre los posibles significados de estas fechas. Estamos en diciembre, es el último mes del año, el año se nos acaba y por tanto es un buen momento para echar la vista atrás y ver cómo nos ha ido durante esta última vuelta de nuestro planeta alrededor del sol. En lo íntimo y personal, en lo familiar, en el ámbito empresarial y comercial, en las redes sociales de internet y otros muchos lugares, las personas hacen balance de lo que han conseguido, hecho, logrado, visto, viajado, leído y conocido… Ponemos la excusa de estas fechas para hacer un repaso de cómo van nuestras vidas. En realidad, este punto de medición es arbitrario, porque se podría hacer en cualquier momento o instante, ya fuera en abril o en octubre, el lunes o el viernes, el día tercero o el vigésimo séptimo del mes. Cualquier momento es bueno para hacer un repaso de dónde estás, cómo estás y hacia dónde vas en esta senda que es tu existencia. Pero todo parece llevarnos a hacerlo solo en diciembre, cuando acaba el año. Así que ya en esta tesitura, podemos preguntarnos…

¿No tienes la sensación de que a veces pasas por la vida y estás tan absorto en terminar, y señalar como terminadas, las tareas, una tras otra, que pierdes el foco de dónde estás, y sobre todo del porqué estás donde ahora estás? ¿O quizá te sientes en un largo, monótono y aburrido periodo de nada nuevo que hacer? ¿Sientes que vives en cierto modo anestesiado, alejado de las grandes sensaciones o emociones, o que lo importante se te escapa como el tren que se va de la estación?

Puedes responderte a ti mismo con honestidad, porque tal vez todos estos balances y cuentas y listas de cosas hechas y experimentadas durante el año no sean más que una distracción que te aleje de verdades que están esperándote desde hace mucho. Cuando eras pequeño estabas lleno de sueños e imaginabas tu futuro, tu yo adulto, tu yo soñado … ¿Imaginabas entonces la vida que ahora llevas? ¿Te imaginabas como estás ahora? ¿Era esta la vida que deseabas tener?

Puedes tomarte unos minutos y reflexionar sobre ello, sobre si realmente esta es la vida que soñaste. Tal vez pienses que esto es una pérdida de tiempo, una frivolidad, una tontería más de esas que circulan por el ancho mar de la literatura de autoayuda y superación… Pero déjame decirte que realmente te va la vida en esto, que realmente te estás jugando la vida ahora mismo, en cada minuto y segundo, pues a cada minuto y segundo tu vida vuelve a comenzar desde cero. Puede que no esté mal que pares de correr, de hacer mil cosas o contabilizar las diez mil que has hecho durante el año, o las dos, o las tres… Que te fijes más en la cualidad y no en la cantidad de lo que haces y vives. O quizá sea el momento en que empieces ya a moverte, pero de forma totalmente distinta a como sueles hacerlo. Que empieces a pensar y reflexionar. Pues pensar es moverse y reflexionar es quizás el movimiento más poderoso, el más devastador e importante de todos los que vayas a hacer en tu vida. Reflexionar en profundidad.

Ahora que tu planeta está cercano a terminar otra vuelta estelar, puede que sea bueno reflexionar si la vida que estás viviendo es la que soñabas o soñaste hace muchos o pocos años, si no lo es pero también merece la pena, o bien si no merece la pena y ni siquiera te satisface, y por tanto si piensas que tu tiempo es corto y limitado y deberías aprovecharlo mejor.

Si tu respuesta es sí, si tienes la vida que siempre deseaste o incluso mejor… ¡Enhorabuena! Te felicito y me alegro muchísimo por ti. Pero como la vida es cambio e impermanencia, este tipo de ejercicio reflexivo también te puede servir.

Si tu respuesta es no, si la vida no te parece tan brillante como debiera, o tan emocionante, fascinante, interesante y retadora… Si piensas que no estás haciendo lo suficiente, si tu vida carece de sentido y valor, si hay cosas que cambiar… Puede que en lugar de hacer tantas listas y balances y resúmenes de todo lo que has hecho a lo largo del año, todas esas actividades y fotos y selfis, los viajes, los hitos empresariales, laborales o estudiantiles, lo mucho que has disfrutado de tu ocio… Tal vez sea un buen momento para que hagas un balance realmente profundo y tomes consciencia de que solo tienes esta vida, cuyo desarrollo es incierto y que acabará, como la de todos, en la muerte. Y si esta vida efímera no es la que realmente deseas, tal vez merezca la pena pensar sobre ello, arriesgarse en primer lugar a pensar, a reflexionar, a hacerse preguntas, a dejar de estar distraído por la televisión, las redes sociales, los entretenimientos mundanos, y tomar el trabajo de pensar realmente en el balance más importante, el de nuestra propia vida, y sobre todo en qué se puede hacer para cambiarla.

Porque entre el seguir con lo que tienes y el conseguir (o al menos arriesgarse y luchar por conseguir) aquello que, reflexionando, realmente deseas, el destino de tus valores más profundos, de aquello en lo que crees… Para ir de un punto al otro, o al menos para empezar ese viaje de peligros, vértigo, emociones y satisfacciones, hay que pagar un peaje: el cambio.

Cambiar, con todo el miedo que ello conlleva. Cambiar, con todo el sufrimiento que puede traer. La pérdida de la comodidad y la seguridad, el adentrarse en zonas caóticas donde las cosas ya no están bajo nuestro control, el soportar el peso de los juicios ajenos y sobre todo de nuestro propio juicio interno. Cambiar para dejar las aguas serenas de la costa y adentrarnos mar adentro, en busca de nuevos continentes. Si realmente no estás satisfecho con tu vida, si no tiene tanto sentido como debiera, podrías en este balance sacarlo a la luz y verlo con claridad, sin miedo, con valor. No muchos pueden soportarlo y por ello el mundo está lleno de muertos vivientes, y más aún, de muertos vivientes que desean que los demás sigan tan muertos como ellos, y que por ello van a torpedear cada una de las iniciativas de cambio de los demás. Porque no hay nada que enfurezca más a una persona mediocre y frustrada que ver a alguien como ella salir del pozo, y por ello tratará con todas sus fuerzas de impedir que tú salgas. Cambiar merece la pena… Merece la pena que cojas tu miedo, tu ansiedad, tus excusas, tus no puedo, y que los trasciendas. Que comprendas que nadie más que tú va a sacarte de tu propia indiferencia, nadie más que tú tiene esa responsabilidad, que no puedes echarle la culpa al mundo, a los demás, al país, la familia, la política, a nadie más que a ti mismo. Deja de lamentarte y levántate de una vez por todas. Ya sabes que son excusas, en el fondo lo sabes, pero es reconfortante abrazarlas, aunque te puedan hundir más y más. Quizá no conozcas el mapa del futuro (¿quién lo conoce?), pero al menos puedes empezar a recorrer un nuevo camino, internarte en él a pesar del miedo y el vértigo, dar el primer paso, atreverte a convertirte en un hombre o una mujer de verdad, no en una sombra huidiza, aprender a ir adelante y caerte si fuera necesario, para volver a levantarte y aprender de la experiencia. Solo con dar un primer paso, te aseguro que ya has hecho más que muchas de las personas de esta sociedad. Al animal humano le encanta la comodidad… hasta que haga el balance de toda su vida, cuando se acerque la muerte, y entonces sentirá la tristeza de una existencia malgastada. Entonces esa comodidad se transformará en horror. No hay que trazar grandes rutas ni imaginar increíbles metas; puede que haya que hacerlo en otro momento, pero ahora simplemente podemos empezar por dar un primer paso, un paso nuevo en un camino nuevo. Moverse, ponerse en marcha, hacer algo, dejar de morir en vida, sonreír apretando los dientes, con la mirada recta y los puños cerrados, inspirar fuerte e ir hacia delante. No estoy aquí para decirte que vivas una vida predecible y aburrida, sino para decirte que debes arriesgarte aún más en la línea de tus valores… Quizás con un primer paso, para empezar.

Y ese primer paso es el de la reflexión sincera y personal, pues como ya dijimos, pensar es moverse y pensar es actuar… Cuando se piensa con honradez y con fuerza, libras una batalla.

Aprovechando que es diciembre y que en nuestro calendario va a concluir otro año, te propongo algunas preguntas y, como ejemplo de respuestas, usaré a mi querida Alba Propósitos.

1. Aquí van unas fáciles: ¿tu vida tiene sentido? Más aún: ¿cuál es el sentido que debería tener tu vida? ¿Qué valores son los más importantes para ti, aquellos que te hacen respirar fuerte y te llenan de impulso? ¿Cuáles son los valores que te elevan y sostienen a pesar de todo? ¿Qué sentido tiene no el vivir, sino tu vivir? Y en caso de encontrar sentido para tu vida… ¿Tu vida tiene ese sentido? ¿O simplemente vas a la deriva, dejando que pasen los días, meses y años, distrayéndote aquí y allá, anestesiándote para no sentir la pérdida de tal sentido? Ya lo sé, no son pocas preguntas, ni fáciles, pero tendrás que hacértelas, ahora o tal vez en treinta años, cuando tu vida se vaya a marchitar y esté pendiente de una botella de suero. Sin duda sabes que es mejor preguntarse todo esto ahora, que entonces.

Así, tenemos que Alba Propósitos reflexiona que en su vida simplemente ha hecho lo que tocaba: primero fue al colegio, luego al instituto, luego a la universidad, estudió lo que sus padres consideraban que era lo mejor para ella, una carrera con salidas… Y ahora que ya la ha terminado comprende que su trabajo bien remunerado es una auténtica tortura… Que no le gusta, y que en realidad tampoco le gustó la carrera universitaria. Por otro lado, pareciera que ahora lo que toca es echarse un novio formal con el que ir de la manita al matrimonio y a los hijos… Su madre no hace más que repetirle que está en la mejor edad para ser madre, que quiere ser abuela, que quiere nietecitos a su alrededor de una vez por todas… ¡Y Alba ni siquiera sabe si quiere ser madre! ¡Pero es lo que toca! Todo parece fácil y hermoso con hijos alrededor, como en esas películas donde la familia se reconcilia y se abrazan al final… ¿Realmente quiere tener hijos porque se lo han dicho o lo ha visto en un anuncio de seguros de vida… o porque de veras le sale del alma traer una nueva vida a este mundo? Reflexionando queda ella, sobre este y otros puntos vitales…

2. Sigamos dando pequeños y a la vez grandes pasos. ¿Qué actividades o personas te llenan el alma? ¿En qué estarías dispuesto a emplear tu tiempo, aunque no te pagaran, solo por puro amor a esa actividad?

Alba Propósitos reflexiona y se responde que a ella lo que le gusta es bailar; podría pasarse horas y horas bailando. Antes lo hacía en la intimidad de su cuarto, y en la discoteca se perdía en el mundo del baile. Cuando lo hacía el tiempo desaparecía y se sentía elevada, como si desapareciera fuera del mundo, en una nube de magia.

3. Si ya has encontrado una actividad o sospechas que hay una actividad o afición o acción que realmente te llena y que te satisface, que es buena, natural, sencilla, que te eleva y tiene pleno sentido para ti… ¿Qué has hecho durante este año relacionado con ella? ¿Cuáles han sido tus momentos más felices durante este año? ¿Cuánto tiempo has invertido en ello? ¿Te has preocupado por hacer las cosas que te gustaban, las que daban sentido a tu vida, o las dejaste a un lado ante obligaciones, deberes o distracciones de mil y un tipos?

Alba Propósitos se apuntó a un gimnasio con actividades de baile… Y lo hizo con tarifa plana para poder asistir cualquier día que tuviera libre. Pero solo pudo ir una vez a la semana, pues el resto del tiempo estaba ocupada en tareas laborales que no admitían demora. Y siempre parecía haber un trabajo o deber más que llevar a cabo, y esa vocecilla que le pedía bailar se hacía más y más débil, casi hasta perderse en la oscuridad, aplastada bajo las obligaciones del día a día y bajo la losa de la lógica y la razón.

4. Ahora vayamos al lado contrario: reflexiona sobre todo lo que has hecho en este último año que no te ha gustado hacer, y además a lo que no le encuentras sentido, toda esa carga de actos y actividades en los que perdiste el tiempo y que no te llevaron a nada de lo que realmente te llena. ¿Cuánto tiempo empleaste en todo ello? ¿Mucho? ¿Poco? ¿Demasiado?

Alba Propósitos reflexiona que prácticamente no ha hecho nada que le llenara el alma. Estudió muchísimo para acabar una carrera que no le gusta nada y después se concentró en conseguir un trabajo bien remunerado, pero que tampoco le satisfacía. Es bueno tener una estabilidad económica, pero ahora sospecha que pasó demasiado tiempo buscándola en una actividad en la que tal vez ni siquiera encaje. Y eso por no contar los tiempos perdidos con gentes que no le interesaban, escuchando o hablando sobre cosas que no le interesaban, haciendo cosas que no le interesaban lo más mínimo, y que sin embargo se llevaban un tiempo precioso.

5. Y llegados a este punto, ¿qué pequeño cambio podrías dar en este año que se avecina para poder vivir más en aquello que te hace vibrar, en aquello que tiene sentido para ti?

Alba Propósitos reflexiona sobre ello y decide, se compromete con ella misma, a apuntarse a una escuela donde pueda ir los viernes, sábados y domingos a bailar. Basta de emplear los fines de semana en tonterías: ahora ese tiempo es para ella y lo va a aprovechar haciendo lo que más le gusta, durante su espacio de ocio. No es una gran tarea ni un hito épico, pero siente que debe hacerlo, aunque no vaya a suponer un gran cambio en su vida… ¿O quizás sí?

6. Agéndate día y hora para empezar vivir tu nuevo propósito para el año que viene, para dejar de perder el tiempo de una vez por todas, para lanzarte a la aventura de llevar a cabo una actividad con pleno sentido para ti, aunque tengas miedo, aunque sea lanzarte al vértigo. Y hazlo ya, no esperes más, no demores ni un solo segundo, ni un latido. Ya estás tardando. ¿Cuándo empiezas?

Alba Propósitos decide que va a cancelar la tarde de chicas (como lo llaman sus amigas, aunque duda que realmente sean verdaderas amigas; y además siempre le ha parecido un término bastante hortera: tarde de chicas), y se pondrá de inmediato a buscar en internet una escuela de baile cercana… ¡o lejana, lo que sea! Sabe que ellas le interrogarán y tal vez se reirán y burlarán de esas tonterías suyas, tiene miedo del juicio ajeno, de las opiniones, de perder a sus amigas, de quedarse sola, tiene miedo del qué dirán y de mil y una cosas raras que se le ocurren… Pero a pesar del miedo va a hacerlo, está determinada y no va a ceder, ocurra lo que ocurra. Y siente el cosquilleo salvaje del vértigo y la excitación bailando un zapateado en el estómago. ¡Ya no hay vuelta atrás!

Y ya está dado el primer paso. El primer paso tal vez sea el más difícil, porque para dar ese primer paso tienes que reflexionar y enfrentarte mentalmente a muchas cosas, tienes que hacer caer ídolos y barreras, romper cadenas y normas, asumir riesgos, tomar decisiones y llevarlas a cabo. Es un pequeño paso y a la vez es un gran paso.

Obviamente, en el caso de Alba las clases de baile de fin de semana no van a cambiar el hecho de que haya estudiado una carrera que no le gustaba. Sus clases de baile tampoco van a cambiar que sus padres le siguán presionando con distintas cuestiones como la de ser madre ahora que tiene una edad ideal, si una mujer no tiene hijos no puede realizarse, siempre te faltará algo, encuentra un buen hombre, que se te pasa el arroz, eso del baile son tonterías,  etcétera… Su vida seguirá teniendo sus sombras y su ración de miseria cotidiana, como la de todos…

Pero cuando llegue el viernes sabrá que hay por delante tres días maravillosos de inspiración, de vivir en el momento presente, de tomar con fuerza el timón de su propio barco, de hacer lo que le gusta, lo que tiene sentido, aquello en lo que encaja, aquello que la sostiene y le da fuerzas y le hace sentir que no ha desaprovechado ni un segundo… Y, ¿quién sabe? Tal vez esta experiencia la llevará a otra dimensión vital dónde conocerá a otras personas con las que compartir su pasión, gentes que le entienden, que estén en su misma frecuencia y con las que se puede complementar. Esta experiencia le abrirá puertas que creía cerradas o que ni sospechaba que existieran. Nuevas sendas y caminos, nuevos horizontes y panoramas. Estos tres días pueden ser maravillosos, o quizás no, ¿quién sabe? Pero al menos serán suyos. Y si la semana tiene siete días, al menos tres le parecerán interesantes. Y son ese tipo de días y de momentos los que contarán en el balance más importante que todos, al final, tendremos que hacer.

Puede que el año que viene vuelva a hacer repaso sobre cómo va su vida, y entonces, en lugar de escribir ítems en una lista, tendrá, simplemente… momentos. Buenos momentos.

La vida es cambio. Quizás el repaso periódico de como está tu vida, no solo cada fin de año, sino cada fin de día, pueda provocar pequeños cambios que den paso a cambios más grandes, y pasos iniciales que sean los primeros en un nuevo sendero. No demores más ese pequeño paso. Solo te arrepentirás de no haberlo dado antes.

Te deseo una vida llena de instantes que merezcan la pena. Y, por supuesto, ¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!

Natalia Aguado (psicóloga sanitaria), con la colaboración de Andrés Díaz Sánchez (escritor).

NVAG Centro de Psicología es un centro sanitario en Alcobendas (Madrid), en el cual la psicóloga sanitaria Natalia Aguado ofrece servicios de psicoterapia. Para más información visita www.nvagpsicologia.com.