En esta publicación te presento un sencillo ejercicio de interiorización. Mi intención es facilitarte una herramienta para mitigar el miedo a tu propia muerte. Este ejercicio está dirigido a aquellas personas a las que a veces le sobreviene el temor a su propia muerte. Pero, aunque no importa que lo leas, no es un ejercicio adecuado si estás viviendo un proceso de cuidados paliativos o hace poco que alguien cercano a ti ha muerto y estas sufriendo mucho por ello. Para estas dos últimas situaciones es mejor llevar a cabo un tipo de proceso cuya esencia no se trata en este artículo.

Este ejercicio no pretende ser la solución definitiva a tu posible temor. Los psicólogos trabajamos a diario en nuestras consultas con muchos y diversos miedos y es posible que a ti este ejercicio no te sirva; si es así, no debes desanimarte ni pensar que eres alguien raro o diferente a la mayoría. El que te presento a continuación no es el único, ni mucho menos, sino uno solo de los muchísimos y variados ejercicios que se pueden hacer en terapia. Puede ser un punto de partida para que explores en tu interior dicho temor. Recuerda que ante situaciones de temor que no sabes gestionar siempre puedes visitar a un psicólogo para que te ayude en tu proceso, único y personal.

El miedo a la muerte en principio es algo natural y frecuente entre los humanos. Se cree que somos los únicos animales con una consciencia existencial de nuestra propia muerte y por ello, en diferentes momentos de nuestra vida, podemos sufrir el temor a nuestra propia muerte, con mayor o menor intensidad, incluso aunque no haya nada a corto ni a medio plazo que haga peligrar nuestras vidas. Existen personas que viven dicho temor de un modo tan intenso que les genera mucho sufrimiento, zozobra y angustia. Si ese es tu caso lo mejor es que te pongas en las manos de un profesional. Los psicólogos podemos ayudarte a atravesar y superar este tipo de dolor.

La muerte es una fase de la existencia cuya evocación puede producir emociones intensas. Pero si lo piensas fríamente, siempre estamos muriendo. En cada instante todas las células de nuestro cuerpo envejecen y muchas mueren a diario. La muerte de nuestro cuerpo físico no es más que el punto final de un proceso consistente en la acumulación de muertes diarias. Pregúntate: ¿dónde está tu yo de cuando tenías 8 años? ¿Acaso queda en ti algo de esa personita? Probablemente no recuerdes ni lo que te gustaba, ni lo que pensabas, ni muchos de los amiguitos que tenías, ni muchas de las cosas que entonces eran importantes para ti. De pronto, te encuentras con que tienes 20, 30…, 80 años, y te das cuenta de que en el trascurrir de todo ese tiempo has perdido de un modo muchas veces inadvertido, silencioso y constante, muchísimas cosas, amigos, familiares, relaciones, trabajos, etc. ¿Y dónde está todo ello? En cada instante estamos muriendo. La belleza de esta impermanencia es que cuando te haces consciente de tu mortalidad, el presente se convierte en una morada sagrada donde las cosas, circunstancias, personas, capacidades (vista, oído, agilidad, etc.), que disfrutas en este momento sabes que se irán perdiendo…, pero ahora aún las tienes. Esta realidad volátil y efímera del Ahora lo convierte en una morada sagrada. Tus hijos algún día crecerán y se irán de casa, pero ahora son pequeñitos y por eso ahora su niñez y presencia es sagrada. Tu maravillosa pareja quizás algún día deje de estar a tu lado, o puede que deje de ser maravillosa y sea otra cosa muy distinta, pero en este Ahora está junto a ti, y eso es maravilloso. La mortalidad nos produce una sensación de impermanencia que convierte al momento presente en un lugar efímero, digno de ser venerado y amado.

Volviendo a mi motivación de escribir este artículo, quería ofrecerte una “pastillita de autorreflexión” de modo que puedas tener una sencilla herramienta para enfrentarte al temor de tu propia Muerte. Empecemos.

Dividamos La Muerte en tres periodos:

  • A) El momento antes de morir.
  • B) El momento de morir.
  • C) El momento posterior al morir.

Si lo que te da miedo es el momento antes de morir, lo que realmente te da miedo es la vida, porque siempre estamos en un antes del morir, al ser imposible conocer con exactitud cuándo le va a llegar a uno la hora. Pero, aunque lo supiéramos, en ese momento antes de morir. Tendrías que profundizar un poco más. ¿Te da miedo el dolor? ¿El malestar? En cuanto a ese respecto la medicina hoy día está muy avanzada y probablemente puedan suministrarte potentes analgésicos y medicinas para evitar tu malestar y que el proceso de la muerte sea lo más amable posible.

Si lo que te da miedo es el propio momento de morir, ese momento de caer en la inconsciencia, podrías equiparar el caer en la inconsciencia como esa sensación que tienes antes de dormirte.

Si lo que te da miedo es el momento después de morir, en este caso deberías reflexionar honestamente qué es lo que realmente te da miedo, la existencia o la no existencia tras la muerte, cuáles son tus propias ideas y tus creencias al respecto, y cómo puedes convivir diariamente con ellas de una forma sana y satisfactoria.

Muy bien, pues ahora te toca a ti. Toma una hoja en blanco y algo con lo que escribir. Es muy importante que este ejercicio lo hagas escribiendo, pues cuando escribes estás reorganizando las ideas, que muchas veces se encuentran en un estado de caos y deben ser ordenadas. Ahora estás solo, no con un psicólogo que pueda ayudarte a reorganizar tus ideas, y por ello es muy importante que lo escribas todo.

La percepción del miedo suele provocar una sensación incómoda, difusa y poco concreta que nos asusta mucho precisamente por su oscuridad y falta de nitidez; y eso retroalimenta al propio miedo y nos asusta aún más. Pero cuando somos capaces de reflexionar, racionalizar, analizar y concretar exactamente a qué tenemos miedo, mediante una división en asuntos concretos, acabamos con el misterio, dirigimos el haz de luz hacia la oscuridad y el miedo se desvanece.

En la hoja, escribe: “Periodo de la muerte que me preocupa” (Antes, Durante o Después de la Muerte). Piensa bien qué periodo es el más preocupante para ti y escríbelo. Al lado escribe, en una escala del 1 al 10, la intensidad con la que percibes ese miedo.

A continuación, escribe: “Pensamientos de temor”. Y ahora extiéndete con todo lo que se te ocurra; no te reprimas, es un ejercicio para ti, en el cual debes desnudar todos los aspectos de tu miedo, y cuanto más sincero y exhaustivo seas, mejor funcionará.

Después, escribe: “Respuesta de una persona muy racional que confrontará mis pensamientos de temor”. Ahora imagina a esa personal racional (tu propia parte racional, en realidad, una parte muy madura y sabia que ve las cosas con serenidad, claridad y ecuanimidad), que va dando respuesta a todos y cada uno de esos pensamientos de temor que has escrito antes. Escribe con claridad las respuestas a cada uno de tus pensamientos de temor.

A continuación, quiero que analices cómo te sientes. ¿Te sientes mejor que antes? ¿Cuánto de mejor? Vuelve a usar la escala del 1 al 10, crea una puntuación y compárala con la puntuación inicial. Espero que la puntuación haya mejorado. Pero si no ha sido así, no te sientas mal, simplemente este no es un ejercicio adecuado para tu situación concreta y particular, pues cada uno es un universo distinto y único. Si es algo que te preocupa y no te sientes capaz de gestionarlo tú solo, puedes visitar a un psicólogo para que te ayude a transitar y superar este miedo.

Es mi deseo que este ejercicio te haya servido para disminuir tu miedo a la muerte; no obstante, recuerda que acudir a un psicólogo siempre es la mejor opción para afrontar el sufrimiento. Para eso estamos los psicólogos, para ayudarte a que tu vida sea un camino lleno de sentido.

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Que tengas un día maravilloso.

Natalia Aguado
Directora de NVAG Centro de Psicología y Psicóloga Sanitaria.

NVAG Centro de Psicología es un centro sanitario de Alcobendas (Madrid), en el cual la psicóloga sanitaria Natalia Aguado ofrece servicios de psicoterapia. Para más información visita www.nvagpsicologia.com