En este artículo voy a hablarte de los pensamientos negativos e irracionales que te invaden cuando crees que tus emociones son una prueba ineludible de la verdad.

Hoy, Violeta Emoción se siente mal. Ha estado preparándose para enfrentarse a unas oposiciones. Se ha preparado durante un año entero y hoy se presenta al examen. Durante ese año estudió una media de seis a ocho horas diarias, seis y hasta siete días por semana, y solo se detenía para comer, dormir, asearse e ir y volver de la academia. No ha tenido vacaciones, fiestas ni prácticamente ocio. Hoy es el día del examen y se siente invadida por una fuerte emoción de miedo. Hoy, en su mente no existe el trabajo de tantos meses; no hay recuerdos de ese esfuerzo y tesón, de todos los controles de seguimiento de su estudio aprobados, de toda la larga trayectoria de logros que ha ido alcanzando en su proceso de asimilación del temario. En su mente, hoy, ahora, solo hay pensamientos de este tipo: «Tengo mucho MIEDO. SIENTO que no estoy preparada y si lo SIENTO es que es verdad; ¿por qué lo SENTIRÍA si no fuera cierto? ¡Nadie mejor que yo para saber lo que SIENTO! Si SIENTO que no estoy suficientemente preparada es porque no lo estoy, ¡y no hay más vueltas que darle! SIENTO MIEDO: no me he preparado a conciencia. SIENTO MIEDO: algo me dice que tendría que haber estudiado más y que no me he esforzado lo suficiente…». Y así continúa Violeta Emoción, cargándose de pensamientos negativos que le hacen sentir más miedo, y el miedo a la vez le hace generar más y más pensamientos negativos, en un círculo vicioso que no tiene fin.

Los pensamientos que rondan por nuestro interior no suelen ser tan evidentes como los de mis artículos (véase también la entrada TODO/NADA y SIEMPRE/NUNCA). Tanto Violeta Exageradina como Violeta Emoción son personajes caricaturizados y llevados al extremo, y normalmente lo que pensamos no es tan claro y concreto, sino algo indefinido que nos crea desasosiego, angustia, miedo, zozobra o estrés. Estas emociones se alimentan de pensamientos (a veces inconscientes) que nos asaltan y no nos permiten analizar las situaciones con calma y ecuanimidad.

A través del trabajo psicológico puedes enfrentarte a esas emociones para dejar de asignarles, por sí mismas, un valor de verdad; al contrario, puedes analizar qué pensamientos las generan, y si esos pensamientos son correctos. Este análisis produce una cascada de afirmaciones que puedes poner bajo un ojo crítico y un prisma racional. Al hacerlo de esta manera normalmente consigues ver las cosas desde otro punto de vista, con un enfoque más sano y correcto, y la emoción negativa, por muy poderosa que sea, empieza a desvanecerse. No siempre debe ocurrir de tal manera, pero en la mayoría de las ocasiones sucede así.

Todo esto puede parecerte exagerado. Puedes creer que tú no caes en este tipo de errores, que no te estés dejando llevar tanto por la emoción, hasta el punto de que sea ésta la que dicte tus juicios, y no al contrario. Pero todo este proceso no es tan evidente, en ocasiones es muy sutil y puede pasar incluso desapercibido, aunque está ahí. En ocasiones estos pensamientos negativos, acompañados por emociones fuertes y también negativas, se hunden en tu interior se mimetizan y confunden con el fondo, para que nadie los vea. En terapia una línea de trabajo puede ser precisamente esta: cazar los pensamientos distorsionados que hay detrás de esas emociones que te hacen sufrir y, tras desenmascararlos, enfrentarse a ellos con la razón y con las pruebas que nos da la experiencia real.

Con vistas a tal fin, en este artículo vamos a tratar de desactivar la emoción poderosa que nos invade y nos hace creer en juicios distorsionados e incorrectos, solo porque así lo sentimos.

Antes de pasar a la acción, podemos ver otros ejemplos:«Me da MIEDO montar en avión. Este MIEDO es tan intenso que no puede salir de ningún lugar equivocado y por tanto me indica que es muy probable que este avión se estrelle…», «me miro al espejo y siento ASCO, el ASCO me revela que mi cara es la de un monstruo…», «Alfredo me pone FURIOSO y mi FURIA me señala que Alfredo es una persona ODIOSA…», «me siento INFERIOR, y si lo siento es verdad, ¡debe ser verdad! Soy una persona de segunda clase y sin valía alguna…», «cuando veo a este político con mi bandera SIENTO ORGULLO Y BIENESTAR, luego solo puede darme cosas buenas y debo creerle y obedecerle, diga lo que diga…», etcétera.

Llegados a este punto, entendemos que una emoción poderosa nos puede llevar a conclusiones que tomamos como verídicas no en función de ningún criterio lógico o racional, sino solo en función de la intensidad de nuestras emociones. Esto da pie a creencias irracionales que pueden quedar arraigadas en nosotros, y que al no ser flexibles ni estar validadas por ninguna realidad objetiva, cuando choquen con la propia realidad nos producirán frustración y sufrimiento. Muchas veces ni siquiera hace falta que la realidad las eche abajo, pues el sufrimiento va por dentro y no se detiene nunca.

¿Qué podemos hacer para no llegar a este punto, o llegados a este punto? Te presento una forma de desactivar el círculo vicioso. Pero antes he de advertirte, como siempre, que no es la única forma. Los psicólogos tenemos todo un arsenal de orientaciones, modos, herramientas y medios para hacer que las personas se sientan mejor y puedan llevar una vida con sentido, sana y satisfactoria. El ejercicio que te presento quizás pueda servirte a ti, pero si no te sirve no hay ningún problema; simplemente, no formará parte de tu camino personal. Hay muchos caminos para llegar a la meta del bienestar y siempre puedes acudir a un psicólogo para que junto a ti descubra cuál es el tuyo.

Debes estar dispuesto a trabajar: habrás de coger papel y algo con lo que escribir. Estás solo, no con un psicólogo que pueda ayudarte a reorganizar tus ideas, y por tanto es necesario que el papel sea tu reflejo y que lo plasmes por escrito para que no se te escape nada. Vas a ser el detective y el investigador privado de tus propios pensamientos.

En primer lugar, escribe cuál es el problema, qué es lo que te está pasando, lo que sientes y las conclusiones y juicios que sacas al respecto. A continuación, pregúntate si habría alguna manera de comprobar si estos pensamientos son correctos; por ejemplo, imagina un experimento que pudiera afirmar con pruebas sólidas y válidas la verdad objetiva de tu pensamiento. Recuerda que ahora eres un investigador de tu pensamiento y que debes buscar todos los rastros y argumentos posibles. Trata de dividir esa búsqueda de pruebas en distintas partes y ve comprobándolas todas, una a una. Y por supuesto, ¡escríbelo todo!

Por ejemplo, Violeta Emoción, podría tratar ese miedo de no haberse preparado suficientemente el examen de varias formas y esta es una:

  1. Violeta Emoción escribe: «Tengo miedo y este miedo me indica que no he preparado bien la oposición, que no he estudiado lo suficiente».
  2. Investigación con el objeto de averiguar si estos pensamientos de Violeta Emoción son racionales o irracionales (y por tanto falsos):
  • Preguntar a otras personas, por ejemplo a los profesores de la academia, si con sus datos objetivos (exámenes) consideran si se ha preparado adecuadamente para el examen.
  • Preguntar a otras personas, por ejemplo a sus compañeros de estudio, si consideran que no está lo bastante preparada.
  • Preguntarse a sí misma:
    • ¿Qué tendría que hacer una persona para estar bien preparada? ¿Yo lo he hecho o no lo he hecho de tal modo? ¿Qué he hecho en realidad? ¿Podría haber hecho algo más? ¿Cómo podría haber hecho más? ¿Qué tendría que haber hecho? ¿Lo que he hecho realmente es tan poco como lo siento? ¿Cuántas horas al día tendría que haber estudiado para estar bien preparada? ¿Cuántas he estudiado yo?
    • ¿Ha habido otras ocasiones en las que me he presentado a un examen, pensando que no había estudiado lo suficiente, pero después he aprobado, con buena nota? ¿Mi experiencia personal me indica que estos temores pueden ser exagerados? ¿No he repetido este comportamiento en otras ocasiones? ¿Y qué resultados obtuve de ellas?
  • Preguntar a otras personas, por ejemplo, a estudiantes que hayan aprobado una oposición, si consideran que me he preparado lo suficiente.

Como verás, se trata de escapar de la trampa emocional, del momento rígido e irracional en el que ahora estás atrapado, tomar distancia, salirte de ti mismo, mirarte desde fuera, ver las cosas con frialdad y desapasionamiento, buscando las respuestas correctas no basándose en las emociones, sino en un análisis crítico de la situación y de los propios juicios de valor que sobre ella haces.

Si eres una persona muy emocional, pero te entrenas de manera constante mediante este tipo de ejercicios, empezarás a tomarte las cosas con más calma, a ganar autocontrol y confianza, ganarás más poder tanto sobre tus circunstancias como sobre tus estados de ánimo, verás las cosas con más ecuanimidad, inteligencia y sensibilidad, y aprenderás a manejar y sojuzgar, poco a poco, la angustia y el estrés.

Espero que este artículo te haya resultado interesante y útil. Recuerda que ante el sufrimiento la terapia con un psicólogo sanitario es una buena elección. Los psicólogos sanitarios podemos ayudarte a descubrir cómo salir de la situación y del modo de pensar y sentir en que ahora estás atrapado y que te están haciendo daño.

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Que tengas un día maravilloso.

Natalia Aguado

Directora de NVAG Centro de Psicología y Psicóloga Sanitaria.

NVAG Centro de Psicología es un centro sanitario en Alcobendas (Madrid), en el cual la psicóloga sanitaria Natalia Aguado ofrece servicios de psicoterapia. Para más información visita www.nvagpsicologia.com