Violeta Yaloharé contempla el gigantesco y casi majestuoso desorden de su habitación. ¿Desde cuándo lleva pensando que debe ordenarla de una vez por todas? Pero siempre lo dejaba para después, siempre había algo más importante, algo urgente, algo que requería su atención, y poco a poco, como un monstruo al que se le va cebando día tras día, el desorden iba creciendo, y ella casi podía imaginar que un día aquella criatura siniestra, el Desorden, incluso podría morderla, comérsela entera, y acabaría tragada por el caos de ropas, libros, cuadernos, bolígrafos y demás cosas —algunas sorprendentes—, apiladas aquí y allá, o bien tiradas por el suelo y los muebles. Pero ya se han acabado las excusas y con cierta vergüenza ha de reconocer que en realidad todo era una cuestión de… pereza. Una horrible pereza. Ha tocado fondo al dormir varias noches en el incómodo sofá del salón, porque no se atreve a hacerlo en su propio dormitorio. No es una mujer sucia, ni tampoco irresponsable con los demás, es una persona válida en muchos aspectos y se sabe buscar la vida, pero el orden… ¡Ay, el orden! ¡De hoy no pasa!, se ha dicho, hoy es el DÍA. Ya no puede demorarlo más. ¿Por qué? Porque hoy vienen unas amigas que hacía mucho que no veía, y la sola idea de que por error abran la puerta del dormitorio y encuentren a la Bestia del Desorden le produce una vergüenza insoportable. Así pues, se arma de valor y entra en su habitación; piensa que debería tener un plan, pero le da mucha pereza incluso planificar esta batalla contra el desorden, así que simplemente agarra con los dos brazos, a manos llenas, todo lo que hay por el suelo, y lo mete a presión en el armario… ¡Bueno, así está bien! ¡Ya lo ordenaré mejor!, se dice una vez más Violeta Yaloharé… Entonces recuerda que en una semana ha de ir a la boda de una de sus amigas más pijas y exclusivas, y que para la ocasión se compró un vestido rojo sangre que le encantaba, un vestido perfecto que le sentaría a su cuerpecito como un guante. ¡Con este vestido voy a resaltar más que la novia! ¡Estaré espectacular! Y lo segundo que recuerda, con pavor… Es que el vestido debe estar entre la maraña de cosas que hay en el armario… ¡Se estará arrugando! ¡Qué agobio le supone el orden! Ha leído unos cuantos libros de Autoayuda sobre el beneficio de ser ordenada y con frecuencia habla del tema con sus amigos; incluso su psicóloga le dijo que cuando ordenas tu entorno se producen cambios positivos en tu interior porque indirectamente estás poniendo en orden tu mente (¿se habrá dado cuenta de que ella es un desastre del orden? ¡La pilla en todo la muy…!).  Acaba de cerrar el armario, apretando con el culo la puerta para que no saliera en tromba todo su contenido, ¡y ahora debe abrirlo para buscar el vestido rojo! Se arma de valor, inspira hondo y lo abre. Le cae encima una ola de trapos, ropas, bolsas con mil y una historias, papelajos y demás porquería. Empieza a rebuscar entre la ropa, a veces a cuatro patas, como un cochino en el lodazal, tirando por encima las prendas y los cachivaches que va encontrando, y siente las manos pringosas y se las mira con asco… Una pasta oscura y blanda, nauseabunda, está untada en sus dedos, entre envoltorios de plástico. En efecto, alguna vez debió dejarse olvidada en algún bolsillo una chocolatina, que se ha deshecho y que ya estará caducada. Arruga la cara por el hedor y desorbita los ojos con espanto al ver que el chocolate pasado está sobre… ¡su vestido rojo! ¡Grandes pegotes negruzcos y pegajosos en el vestido! Pero eso no es lo peor… No da crédito a lo que ve… Unas cositas blancas y gordas reptan sobre su querido vestido, gusanos cremosos que vinieron a devorar el chocolate descompuesto… ¡Invadiendo su vestido! Y los tiene también en sus manos, sobre el chocolate. Abre la boca, arruga la cara y suelta algo entre una arcada y un grito de horror. Retrocede, mirándose incrédula las manos con chocolate podrido y gusanos, y las agita como una loca, chillando, hasta que resbala en alguna prenda del suelo, cae y espachurra los gusanos en sus puños. Se levanta gritando como la víctima de una película de terror, abriendo y cerrando las manos, conteniendo las arcadas. Y es en ese momento cuando llaman al portero automático. Desquiciada, enloquecida, mira el reloj y comprende que no calculó bien el tiempo. Son sus amigas, que vienen a verla, vienen a ver su piso, su desorden, su chocolate pasado y sus gusanos. Y Violeta Yaloharé comprende, al borde de un ataque de nervios, que cuando no se abordan las cosas a su debido tiempo todo puede empeorar… Y empeorar… Y empeorar…

Los psicólogos sanitarios en nuestras consultas podemos encontrar personas a las que les cuesta mucho comenzar ciertas tareas (una dieta saludable, ir al médico por ese bultito o ese lunar amenazante que le ha salido en el pecho, visitar a la familia, quedar con amigos, etc.). Esas tareas supondrían un gran beneficio a muchos niveles, pero se ven incapaces de dar el salto a la acción. Se informan sobre los beneficios de acometer la acción que están postergando e incluso pueden llegar a convertirse en expertos del tema, lo saben todo a nivel teórico sobre el asunto que postergan, pero al final todo queda en el marco de la mente, porque no se deciden a dar el salto a la acción. Las razones de que esto ocurra pueden ser muchas y muy diferentes, y a cada persona hay que evaluarla con detalle para determinar qué le está pasando.

Sin embargo, y teniendo en cuenta que esto no es más que un artículo para entretenerte un rato, y que quizás pueda ayudarte o hacerte reflexionar, te voy a presentar un método que a lo mejor puede serte útil. Si sigues mi blog ya conocerás lo que siempre digo: lo que sirve a una persona no tiene porque servirle a otra. Los caminos del bienestar psicológico son variados y los psicólogos sanitarios estamos preparados y capacitados para encontrar uno que se ajuste a tu forma y modo de ser. Si tras leer (y hacer) este ejercicio a ti no te sirve, no te preocupes, forma parte de lo posible y contigo simplemente habría que emplear otros métodos y ejercicios. Hay todo un arsenal de palancas para el cambio y la mejora psicológica (por ejemplo, la hipnosis clínica es una buena herramienta para provocar cambios. Si te interesa saber sobre la hipnosis clínica puedes leer mis entradas 1, 2, 3 y 4, dedicadas a la hipnosis y a los falsos mitos que la rodean).

Pues bien, coge papel y bolígrafo (es muy importante que lo hagas escribiendo). Te presento un ejercicio que podría hacer Violeta Yaloharé para dejar de postergar y procrastinar en cuanto al desorden de su dormitorio. El ejercicio se compone de seis partes:

  1. Lista de ventajas y desventajas.

Este paso consiste en hacer una reflexión profunda sobre si realmente quieres realizar esa acción que llevas tanto tiempo postergando. Quizás no te hayas puesto aún a ello porque en el fondo no te compensa o lo consideras intrascendente. O quizás haya un miedo soterrado que te inmoviliza, y por tanto primero hay que solucionar lo referente a ese miedo.

Escribe una lista de las ventajas que tiene postergar esa tarea y no hacerla HOY (en el caso de Violeta Yaloharé: puedo dedicarme a otras cosas, no quiero complicarme, si no pienso en ello no me afecta, etc.)

Escribe una lista de las desventajas de postergar esa tarea y no hacerla HOY (en el caso de Violeta Yaloharé: debo empezar a ordenar hoy porque pierdo mucho tiempo buscando las cosas, cuando veo tanto desorden me agobio, ya no cabe nada más en mi habitación, no sé ni lo que tengo, etc.).

Ahora, compara las ventajas con las desventajas. Da una puntuación del 0 al 10 a las ventajas de postergar la acción elegida, y otra puntuación de 0 al 10 a las desventajas de postergar. Al comparar la puntuación de cada lista, comprenderás qué es más importante para ti: las ventajas o las desventajas de llevar a cabo la acción HOY, sin dejarla para mañana.

Si la puntuación de las ventajas de no comenzar HOY es mayor el ejercicio ha concluido. Si esa puntuación es menor continúa con el siguiente punto.

  1. Decide una hora para comenzar HOY.

Apunta la hora exacta en que empezarás a hacerlo HOY. A continuación, haz una lista de todos los obstáculos que podrías encontrarte y escribe al lado la respuesta de tu “yo” racional (no el “yo” procrastinador que has estado usando hasta ahora), dando soluciones a todos y cada uno de esos obstáculos. En el caso de Violeta Yaloharé podría ser:

Obstáculo 1: ¡Hoy no me va a dar tiempo! Respuesta 1: Puedo sustituir ver la televisión por hacer esta tarea.

Obstáculo 2: Me da mucha pereza empezar. Respuesta 2: Pero tú sabes por experiencia que lo peor es empezar, luego todo va rodado.

Etc.

  1. Haz que sea fácil: divide la tarea en partes pequeñas que no te supongan esfuerzo y centra tu atención en cada una de esas partes.

En el caso de Violeta Yaloharé, por ejemplo, decidió que todos los días, después de cenar, en lugar de ver la televisión durante 2 horas, lo haría durante una hora y media para emplear esa primera media hora en ordenar su habitación. Hoy en concreto se ha propuesto ordenar 1 cajón, y si le sobra tiempo empezará con otro cajón. Solo trabajará durante media hora y después lo dejará, esté donde esté, para ver la televisión.

  1. Contesta racionalmente a las excusas.

Escribe una lista de las excusas para no hacer aquello que estás postergando y al lado deja que tu “yo racional” responda a cada una. En el caso de Violeta Yaloharé:

Excusa 1: ¡Qué agobio, no voy a ser capaz! Respuesta racional 1: El estar agobiada no implica que no seas capaz; puedes estarlo y aun así empezar a ordenar y continuar hasta que acabe la media hora.

Excusa 2: No me apetece, no estoy motivada. Respuesta racional 2: Aunque en este momento no estés motivada, es algo que debes hacer y que a la larga supondrá muchos beneficios. Puedes hacerlo igualmente sin ganas ni motivación, como se hacen muchas cosas en esta vida que son necesarias, pero no apetecen. Una vez que empieces todo será más fácil.

Etc.

  1. Lista del sentido o finalidad de la acción, o lista de los para qués.

Haz una lista de como máximo 10 razones por las que estás haciendo la acción, qué te mueve a hacerlo y cuál es el valor práctico o emocional de la acción. Lleva esta lista siempre encima mientras realizas dicha acción. Léela todos los días. Violeta Yaloharé escribió la siguiente lista:

  1. Para no perder tanto tiempo buscando mis cosas cuando las necesito.
  2. Para tirar todo lo que no me sirve y dejar espacio a cosas nuevas.
  3. Para que el desorden de mi habitación no se extienda por toda la casa y me desborde por completo.
  4. Para ser más feliz, encontrarme más tranquila y que me encante ver mi habitación cada vez que entre en ella.
  5. Para no tener que esconder con vergüenza mi habitación y poder enseñársela con orgullo a cualquiera.
  6. Para ser más ordenada, tener más disciplina y que eso me ayude a convertirme en la mujer que quiero ser.

Etc.

  1. Premia tu conducta.

Abordar una acción que hemos postergado durante mucho tiempo pero que debemos realizar, no suele ser divertido; a veces ni siquiera es fácil. Se necesita trabajar duro para vencer la inercia del pasado, así que una vez hecho todo, puedes estar seguro de que te mereces un premio. Al fin y al cabo, piensa que todo tú eres una gran empresa, o una fábrica, o un edificio, o un barco o un avión, que la parte que ha hecho esa acción es un obrero, un trabajador, un empleado o un vendedor de esa empresa o fábrica. Si ha hecho una magnífica jornada, ¿acaso no se merece su justa retribución? ¿Acaso no le vas a dar las gracias y no vas a reconocer su labor? ¿Le harás trabajar sin descanso, como a un esclavo? No. Dentro de ti hay un buen trabajador que ha hecho lo suyo y que por tanto merece su justa retribución. Así pues, date un respiro, una satisfacción y un pequeño premio, algo que rompa tu rutina agradablemente, o simplemente reconoce tus méritos en voz alta, sin vergüenza. Pero ten mucho cuidado y mucho ojo: debes premiarte solo cuando hayas hecho esa acción. Si te premias sin haber hecho nada eso significa que el obrero de tu interior se ha convertido en un timador y que te ha soplado una recompensa a cambio de… nada (sí, en efecto, igual que en nuestro interior hay metafóricamente buenos trabajadores y buenos planificadores, también hay mentirosos y timadores que quieren engañarte y que a la larga te dejarán sin blanca y con cara de tonto. No se lo permitas).

Violeta Yaloharé, tras cada media hora de ordenar su dormitorio, se mira en un espejo de cuerpo entero y le dice en voz alta a su reflejo que cada día es más disciplinada y más fuerte, que puede conseguir todo lo que se proponga y que está muy orgullosa de sí misma.

Este ejercicio por partes es uno de los muchos que pueden usarse para vencer la procrastinación y la postergación, y suele dar buenos resultados.

La ruptura de hábitos y patrones de conducta suele requerir de unas buenas dosis de disciplina e incluso coraje. Quizás en el camino haya sufrimiento y frustración, pero al menos te moverá el amor hacia la persona que quieres ser, así que merece la pena.

Por otro lado, y como bien dice el título del artículo, todo puede ir a peor. Es más, si sigues procrastinando y postergando puedo asegurarte que sin duda todo irá a peor. Aunque exteriormente parezca que muchas personas y situaciones no cambian, casi nada permanece igual en este mundo y si no se ve el cambio por fuera, es que va por dentro. Las cosas no suelen mantenerse en el mismo punto si no se corrigen; la postergación de las acciones lleva inexorablemente a la Ley de Murphy, la cual en sí misma no tiene fondo. Procrastinar en un ámbito ayuda a procrastinar en otros. Es como una multiplicación de células malignas, y ese cáncer se irá extendiendo por toda tu vida, creando extensas lagunas de sufrimiento, dudas, miedos, debilidades, incapacidad y degradación. La pereza es un parásito que crece con facilidad y, como todo parásito, perjudica al organismo del que se aprovecha. La pereza es tu parásito y te aseguro que siempre estará al acecho y bien preparado para aprovechar la más mínima excusa que le des, y así engordar a costa de tu sangre, pagándote además con la infección y la enfermedad.

Pero la buena noticia es que la acción, el valor del trabajo duro, el hábito de la perseverancia, la planificación cuidadosa y racional, la resolución de problemas, el resistir en tu tarea como una roca, como un soldado en la batalla, como una montaña, a pesar de los miedos, las excusas y el cansancio… Todo ello también crece con facilidad, se extiende y se multiplica, pasa de un lugar a otro de tu existencia, todo eso crea también su propia inercia y su propio impulso; te permitirá conocerte mejor, probarte, te dará un conocimiento experiencial de valor incalculable que podrás aplicar tanto en la prosperidad como en la pobreza, tanto en la dicha como ante las mil frustraciones de la vida, tanto en la buena fortuna como cuando sufras golpes de pura mala suerte; te hará crecer y verlo todo desde un nivel superior, sin los miedos y las debilidades de antes; te permitirá seguir a flote cuando todo empiece a hundirse, e incluso podrás nadar hacia un lugar seguro. Es algo que te permitirá levantarte tras los trallazos demoledores, que te sostendrá para que no caigas y que te llevará a fortalecerte de nuevo, a crecer de nuevo, en medio de las adversidades, poco a poco, hasta que puedas otra vez andar con decisión. No será un camino de rosas, sino de espinas, pero tu piel se irá endureciendo hasta que ya no te duela nada. El trabajo duro, planificado, racional, por sí mismo es uno de los mayores tesoros, una de las mejores inversiones que puede hacer cualquier persona, a cualquier edad, ya sea niño, adolescente, maduro o anciano, y esa inversión renta beneficios casi inmediatos, en el presente y para el futuro. Agarrar con fuerza el timón de tu nave y saber que ninguna tormenta y ningún vendaval puede mandarla a pique, que puedes llevarla a cualquier puerto al que quieras ir, por larga o difícil que sea la travesía… Eso es más valioso que todo el dinero y las riquezas físicas del mundo, y es algo que no tiene apenas coste material, pues puedes empezar a hacerlo en cualquier momento, en cualquier ámbito donde se necesite. No importa que te parezca una nimiedad, algo sin mucha importancia, algo que no va a establecer un gran cambio en tu vida… Jamás subestimes un esfuerzo planificado y sostenido, por pequeño que le parezca a los otros. Todo suma y todo cuenta al vencer las malas inercias, nada es diminuto, todo importa. Una semilla puede parecer insignificante, pero una vez plantada y bien cuidada dará con los años un árbol alto y poderoso. Cuanto más alimentes estas buenas semillas antes verás sus frutos. Será más difícil que te manipulen o se aprovechen de ti, serás más fuerte, tendrás más control sobre tu vida, más independencia y libertad, no te afectará tanto la opinión ajena y no te dará tanto miedo la soledad; disfrutarás de las personas, pero no mendigarás su compañía ni su aprobación; verás las cosas con madurez y ecuanimidad, empezarás a valorar lo que realmente importa, no tanto el dinero, las riquezas materiales o los vanos honores que solo satisfacen al ego; le darás más importancia a lo que está dentro de ti, lo que puedes mejorar día tras día, esa obra de arte que estás esculpiendo y que eres tú mismo; serás más eficiente y efectivo y por supuesto tendrás mucho menos miedo al futuro. Tanto durante el proceso como en los resultados, tu vida será más luminosa, atractiva, rica y plena.

Recuerda: nada permanece igual y todo cambia, a mejor o a peor. Tú decides.

Espero que este artículo te haya servido para explorar tu propio interior, pues el viaje al interior es el más increíble de los viajes que puede hacer un ser humano. Recuerda que ante situaciones difíciles y complicadas visitar a un psicólogo sanitario puede ser una muy buena opción para clarificarte y superar aquello que ahora te hace sufrir. Si te ha gustado este artículo te invito a que te suscribas a mi Newsletter para recibir automáticamente mis entradas y así estar al tanto de diferentes e interesantes temáticas y recursos de psicología. Me encantaría verte entre mis suscriptores.

Que tengas un día maravilloso.

Natalia Aguado (Directora de NVAG Centro de Psicología y Psicóloga Sanitaria).

NVAG Centro de Psicología es un centro sanitario en Alcobendas (Madrid), en el cual la psicóloga sanitaria Natalia Aguado ofrece servicios de psicoterapia. Para más información visita www.nvagpsicologia.com