En este artículo te voy a proporcionar una guía para meditar mientras corres o caminas. La meditación aporta muchos beneficios, entre ellos la calma mental, y si además la sumamos al ejercicio físico podrás unir en una dos actividades muy saludables y enriquecedoras, tanto desde el punto de vista físico como psicológico. Para hacer más atractiva y potente esta práctica le daré un enfoque cercano al de una inducción de hipnosis clínica. Para saber más sobre la hipnosis clínica te recomiendo las siguientes lecturas que he publicado con anterioridad: 1, 2, 3 y 4.

Si has leído mis otros artículos ya sabrás que me gusta ilustrar y recrear el asunto a tratar con una pequeña historieta o fábula. Este caso de hoy no será una excepción, así que ahí va:

Violeta Meditadora le ha pedido a su psicóloga que le enseñe a meditar, pero de un modo físicamente activo, porque eso de sentarse y quedarse quieta durante veinte o treinta minutos no le gusta nada; a ella le gusta hacer ejercicio físico a diario, y si pudiera unirlo a la meditación ahorraría muchísimo tiempo. Por otro lado, le gustaría que esa práctica meditativa tuviera cierta función, que le fuera útil para clarificar algunos aspectos de su vida.

Su psicóloga le ha propuesto la siguiente actividad, que puede llevar a cabo corriendo o simplemente paseando. Estas son las indicaciones que le da su psicóloga:

  1. En primer lugar, decide si quieres andar o correr. Asimismo, decide con antelación el tiempo que vas a dedicar a esta actividad.

Violeta Meditadora decide que hoy va a trotar suavemente durante unos 40 minutos, haciendo un recorrido de ida y vuelta que ella conoce bien.

  1. Justo antes de salir a correr (o pasear), cuando estés vestida y lista, vas a permanecer sentada durante 5 minutos (programa una alarma para que no tengas que mirar el tiempo cada dos por tres). Una vez programada la alarma, simplemente cierra los ojos. Haz tres respiraciones muy lentas y profundas: en cada una, cuando inspires imagina que estas hinchando un globo con el aire que introduces, y una vez que lo has llenado por completo, muy lenta y suavemente, expulsa el aire por la boca. Exagera dicha exhalación con el sonido “aaa…” mientras sueltas el aire. Una vez hechas estas tres respiraciones profundas, respira al ritmo que te sea más cómodo y natural, utilizando solo la nariz, tanto al inspirar como al soltar el aire. Ayudada por la calma mental que proporciona respirar tranquilamente, pregúntate para qué quieres que sirva tu práctica de hoy, a qué te gustaría dar respuesta. Hazte una pregunta sobre algún aspecto importante de tu vida que te cause confusión, inquietud, miedo o preocupación, algo que quieras solucionar o mejorar, aunque no sepas cómo hacerlo. Pregúntate sobre ello, hazte una pregunta fuerte, clara y directa, hablándote mentalmente a ti misma. Una vez hecha la pregunta, no hace falta que te concentres más en ese asunto ni en la pregunta. Tal vez te lleve más o menos tiempo hacerte esa pregunta; de cualquier modo, en estos cinco minutos no hay nada más importante que hacer.

Violeta Meditadora se siente muy insatisfecha con su trabajo, pero le da miedo dejarlo porque peligraría su seguridad económica, así que no sabe qué hacer para resolver esta situación. Por tanto, en este espacio de 5 minutos se pregunta a sí misma con fuerza, claridad y concisión qué camino debe seguir, qué ha de hacer para mejorar su situación laboral actual, o directamente cambiarla por completo, de la mejor manera posible, de la manera perfecta para ella. También se dice a sí misma con una firme voz mental: La práctica de hoy me servirá para decidir qué he de hacer respecto mi vida laboral.

  1. Una vez suene la alarma, levántate y sal a correr. Ya no tienes que pensar más en tu conflicto. Olvídate de la pregunta y de tu problema. Ya ha entrado en tu mente y debes soltarla para que ella sola se hunda en las profundidades de tu ser, sin que tú la empujes ni la guíes, y que sea tu parte no consciente la que trabaje para darte la respuesta en el momento adecuado. Ahora solo es tiempo de correr, simplemente correr, sin forzar ni la mente ni el cuerpo. Corre a un ritmo que te sea cómodo, a tu aire.

Violeta Meditadora decidió que ya no iba a pensar más en su inquietud laboral, así que salió de casa y simplemente comenzó a trotar de manera relajada, al ritmo que le pedía el cuerpo, sin preocuparse de tiempos, objetivos ni marcas personales. Solo correr por correr, sin más.

  1. Es posible que cuando comiences a correr haya pensamientos que empiecen a aparecer en tu mente, pensamientos de mil y una forma y clases. No los rechaces con violencia; por el contrario, trátalos bien, abrázalos como si de un bebe o cachorrito se tratara, sin brusquedades ni fuerza, señálalos según aparezcan con alguna palabra o frase, como por ejemplo ahora estoy pensado, y cuenta mentalmente del uno al cinco, primero hacia delante y luego hacia atrás.

Violeta Meditadora comenzó a correr y de pronto recordó que tenía que hacer la compra, se reconoció pensando, suavemente se dijo estoy pensando, y comenzó a contar: 1, 2, 3, 4, 5… 5, 4, 3, 2, 1.

  1. Ánclate al presente con los sentidos físicos, con la vista, el tacto, el oído, el olfato e incluso el gusto. Puedes preferir centrarte en un solo sentido o bien ir cambiando de uno a otro según lo consideres mejor o te apetezca. Enfócate en las sensaciones físicas del momento, como si fuera la primera vez que vieras, como si fuera la primera vez que oyeras, como si fuera la primera vez que estuvieras sobre la faz de la tierra, como si fueras una extraterrestre que llegaras a este planeta y todo te maravillara e impresionara por igual. Como si tuvieras una mente de principiante, una mente de niño que va descubriendo el universo a cada instante.

Violeta meditadora utilizó la vista para anclarse en el presente. Comenzó a fijarse en el color del cielo, en sus matices de azul, en el brillo del sol, en el blanco de las nubes, en los pájaros que cruzan las alturas… Se fijó en la vegetación del lugar por el que corría: los árboles con sus troncos y ramaje espeso, los finos tallos de la hierba, la delicadeza y colorido de las flores…, e incluso tomó consciencia de la tierra o el cemento que ella misma estaba pisando, sus tonos, su textura, las formas que veía en todo ello… Los edificios, las lomas, incluso las personas con las que se cruzaba, los automóviles…, su vista lo exploraba todo como si fuera un recién nacido que estuviese descubriendo el mundo entero… Texturas, colores, bordes, profundidades… Todo un universo de imágenes en el que sumergirse.

También utilizó el oído: se fijó en los chirridos y trinos continuos y vivarachos de los pájaros, el rumor lejano de los coches, el crujir rítmico de sus zapatillas en la tierra, sus jadeos, que siempre estaban ahí pero en los que hasta ahora no se había fijado, las conversaciones de la gente con las que se cruzaba e incluso el susurro de la brisa al pasar entre las ramas y las hojas… Todo un océano de sonidos en el que zambullirse.

Utilizó el tacto y notó el aire acariciando su piel y sus cabellos, sus oídos, su rostro… Percibió el sudor sobre la piel caliente, la humedad gigantesca en su frente, con gotas grandes como aludes de montaña… La lengua dentro la boca era como un continente carnoso, tocando dientes como montañas… El choque rítmico del suelo al dar cada paso… Los impactos de su corazón en el pecho y la garganta… El roce de sus brazos con la camiseta al moverse adelante y atrás… Las fibras de su ropa en la piel, el tacto duro del reloj en la muñeca y el golpeteo suave de la coleta en su nuca y su espalda… Un mundo entero de sensaciones táctiles por descubrir…

Utilizó el olfato para captar todos los matices olorosos del mundo: la frescura y el aroma fragante de las plantas…, el olor seco y duro de la tierra y el polvo calientes… Y se dio cuenta de que en el aire siempre flota un inmenso abanico de fragancias, olores y aromas a los que no solemos prestar atención, pero que están ahí para que nos embriaguemos con ellos.

Y en cuanto al gusto, aunque no estaba comiendo ni bebiendo nada, pudo detectar diversos matices en la saliva de su boca, quizá más seca a medida que iba pasando el tiempo, y al acariciar con la lengua los dientes y el paladar todos esos matices cambiaban y se sumaban muchos otros. Al pasar lengua por los labios podía sentirlos calientes y secos, o bien podía notar la humedad salada del sudor… El sentido del gusto siempre está ahí, incluso aunque no estemos bebiendo o comiendo nada, ofreciéndonos mil sensaciones que explorar.

Usando un sentido físico, dos o todos los que quisiera, según le pareciese, Violeta estaba anclándose y agarrándose al presente, sin que la mente volara descontrolada en otras direcciones. De tal manera ella tenía el control de sus pensamientos y sensaciones mientras corría, y además se daba cuenta de que todo esto no era aburrido o esforzado, sino muy entretenido y enriquecedor.

  1. Continúa corriendo, anclándote al presente con los sentidos físicos y contando cuando aparezcan pensamientos. Persiste en dicha práctica, sin obsesionarte, sin ninguna exigencia severa, como si fuera un juego, un entretenimiento, y poco a poco irá resultándote más fácil. Puedes hacer todo esto hasta concluir el recorrido. Es muy posible que durante la práctica, o al finalizarla, hayas olvidado por completo su propósito. No importa lo más mínimo, porque tu subconsciente ya está trabajando en un nivel más profundo para darte la respuesta adecuada, en el momento correcto. Confía.

Violeta Meditadora concluyó su recorrido. Se sentía llena de energía y vitalidad. Ya estaba lista para ducharse y continuar con su vida diaria. Y muy posiblemente, en algún momento, antes o después, su mente le dará de una forma natural y espontánea la respuesta que ella está buscando.

Espero que este artículo te haya servido para explorar tu propio interior, pues el viaje al interior es el más increíble de los viajes que puede hacer un ser humano. Recuerda que ante situaciones difíciles y complicadas visitar a un psicólogo sanitario puede ser una muy buena opción para clarificarte y superar aquello que ahora te hace sufrir. Si te ha gustado este artículo te invito a que te suscribas a mi Newsletter para recibir automáticamente mis entradas y así estar al tanto de diferentes e interesantes temáticas y recursos de psicología. Me encantaría verte entre mis suscriptores.

Que tengas un día maravilloso.

Natalia Aguado (psicóloga sanitaria) con la colaboración de Andrés Díaz Sánchez (escritor).

NVAG Centro de Psicología es un centro sanitario en Alcobendas (Madrid), en el cual la psicóloga sanitaria Natalia Aguado ofrece servicios de psicoterapia. Para más información visita www.nvagpsicologia.com