Este artículo está inspirado en un retiro que he hecho hace poco con el maestro budista Frank Ostaseski. Si quieres leer más artículos inspirados en dicho retiro puedes leer mi anterior artículo: LOS FINALES DE TU VIDA EN RELACIÓN CON TU PROPIA MUERTE.

Me gustaría hacerte una pregunta para que reflexionaras sobre ello: ¿te has dado cuenta de lo rápido que pasan los días? Por ejemplo, y conectando con dicha pregunta, hace poco, cuando estaba trabajando con una paciente, ella me comentó sobre la manera como los hábitos son capaces de envolvernos en rutinas repetitivas. Me decía: «¡Es increíble! Como siempre voy a trabajar por el mismo camino y llevo decenas de años repitiéndolo, me parece ver todas las mañanas los mismos coches, las mismas personas, yendo al mismo lugar… ¡Todas las mañanas! ¡durante décadas! ¡Es increíble cómo nos dejamos llevar por los hábitos y no nos hacemos conscientes de lo rutinarios y repetitivos que somos!».

Efectivamente. Nuestro cuerpo tiende a automatizar los comportamientos que solemos repetir día tras día, formando patrones automáticos para liberar a nuestra mente del trabajo consciente de secuenciar las conductas de nuestras rutinas diarias. De tal modo, la mente, al crear patrones de conducta automáticos, se libera para ocuparse de asuntos más complicados o creativos, e incluso para… ¡encadenar otros patrones automáticos de conducta! Esta automatización ya no hace necesario concentrarse, ni siquiera pensar en ello, y simplemente llevamos a cabo estas acciones de manera inconsciente e incluso involuntaria. Como ejemplo, ahí tienes la facilidad con la que manejas los cubiertos, sin pensar en ellos mientras comes; los utilizas correctamente porque has automatizado la manera de hacerlo. Pero si en lugar de los cubiertos usas unos palillos chinos, deberás volcar toda tu atención en ellos para que el trozo de bambú en salsa no salga volando por los aires antes de llegar a tu boca. Manejar una bicicleta, conducir un coche, leer, escribir, etc., son, obviamente, son otros ejemplos de los miles y miles de patrones conductuales, automatizados por nuestro cerebro.

Que nuestro cuerpo sea capaz de automatizar conductas resulta muy útil, de hecho es imprescindible, al ahorrarnos un tiempo y una energía demasiado valiosos. Pero también puede llegar a ser problemático si esos hábitos automáticos son perniciosos y nocivos. Estoy hablando, por ejemplo, de hábitos insanos como el fumar, beber alcohol ante situaciones estresantes, acostarnos tarde y no descansar lo suficiente, decir sí cuando quieres decir no, y viceversa, y un largo etcétera. Cambiar un hábito insano es complicado y lleva su tiempo; puede incluso requerir un estudio y enfoque diferentes, adecuados a cada persona.

Dicho lo anterior, en este artículo voy a hablar de algo mucho más prosaico y en apariencia más agradable: cómo romper con la monotonía de todos esos días en apariencia iguales. Quizás no sea tu caso, y si no es así te doy mi más sincera enhorabuena, pero hay personas que ven su vida como una acumulación de días repetitivos, una cadena de eslabones monótonos y hasta pesada, en la cual cada uno es exactamente igual al anterior, y al siguiente. Esto puede hacerles sentirse no solo hastiados y aburridos, sino incluso tristes y desdichados.

No obstante, tal vez en realidad su vida no sea tan monótona, tal vez esté llena de maravillas ocultas. Siglos antes de Cristo, el filósofo Heráclito sostuvo que ningún río es siempre el mismo: a cada instante la forma de la superficie, las partículas y hasta los animales que lleva en su seno… Todo ello es cambiante, momento a momento. Por ello mismo, aunque en realidad un río parece el mismo río, no lo es. Siempre es diferente, latido a latido. Así pues, aunque la vida parezca algo estático e inamovible, como el río de Heráclito, la vida es a la vez la misma pero distinta, momento a momento. Si observamos el tronco de un árbol o un pedazo de hierba, por ejemplo, nos parecerá que instante a instante es inmutable, que no hay cambios en la imagen. Pero si relajamos la vista empezaremos a ver un maremagno de pequeños insectos recorriendo la corteza o moviéndose por entre las briznas, un tráfico incesante de criaturitas atareadas y en continuo movimiento, y nos daremos cuenta de que esos puntitos vivos y móviles estaban ya allí antes, en el patrón general, pero no nos habíamos fijado en ellos; y que además hay toda una riqueza de propósito en tales seres, en su actividad y su existencia. De igual modo a como sucede con el río, el árbol o el espacio de hierba, la vida en el día a día no es algo inamovible y pétreo, sino en el fondo muy dinámico y cambiante. Solo hace falta cambiar el paradigma, el enfoque y la mirada del observador para darse cuenta de que la vida es siempre fresca, mutable, arrolladora, sorprendente e incluso impredecible. Podemos llegar a darnos cuenta de que la vida no es un mazacote de certidumbre, sino tal vez lo contrario, que hay mucho azar y misterio en ella. Y no me refiero a la vida en un sentido cósmico o filosófico, sino en tu propia vida personal, en todos esos espacios cotidianos que tú consideras repetitivos y aburridos.

En este artículo voy a compartir contigo unas preguntas que Frank Ostaseski proponía hacernos a nosotros mismos al finalizar cada día… Y cómo suelo hacer en todos mis artículos, va a entrar en acción un personaje ficticio, a la que llamaremos Alba Findemidia. Según Frank Ostaseski, estas preguntas que puedes hacerte al finalizar el día pueden servir, en otro orden de cosas, para enfrentarse a otros cierres o finales, más difíciles y trascendentales, como la muerte de un ser querido o incluso nuestra propia y futura, esperemos que lejana —aunque nunca se sabe— muerte.

Empecemos el ejercicio:

Estamos en el final de tu día. Quizás te encuentres con tu familia, cenando, y quieras realizar esta actividad junto a ellos, o quizás estés solo, en la intimidad de tu habitación. Sea como sea, te invito a que respondas estas preguntas:

1. ¿Qué te ha inspirado hoy?
(Esta pregunta incita a salirnos de los márgenes de nuestro conocimiento habitual, de ir más allá de lo conocido y dejarnos llevar hacia lo que nos motiva).

Alba Findemidia en unas semanas tendrá vacaciones e irá a la playa; piensa que un negocio ideal para ella sería el de montar una especie de residencia u hotel (de lujo) para gatos, donde los dueños pudieran dejarlos mientras se encontraran de vacaciones. Alba Findemidia tiene dos gatitas, a las que considera sus hijas, y siempre que llega el verano se ve en la tesitura de qué hacer con sus amores gatunos… Se le ocurre que sería fantástico crear un crowdfunding para que algún emprendedor, amante de los gatos, se hiciera cargo de tal negocio. Quizás incluso ella podría hacerlo…

2. ¿Qué te ha planteado un reto hoy?
(Esta pregunta trata de hacerte salir de tu zona de confort).

Alba Findemidia es peluquera y hoy a la peluquería ha entrado un norteamericano para hacerse un buen corte de pelo. Ella estudió inglés en la escuela, hace años, y ciertamente podría haberle dicho que no le entendía y así no hablar con él, pero pensó que sería una buena oportunidad para practicar con el inglés. Al principio le dio vergüenza, pero luego se soltó y le resultó enriquecedor el poder compartir experiencias con una persona de en un país diferente.

3. ¿Qué te ha sorprendido hoy?
(La sorpresa es la madre de la flexibilidad. ¿Te has fijado en lo fácil que es sorprender a los niños? Los niños se maravillan mirando el color de una flor, se maravillan con la lluvia, con las ramitas que caen de los árboles, y si les das un pedazo de madera en forma de L y les dices que es un protosubatomizador de neutrinos cósmicos acelerados para congelar monstruos espaciales, lo aceptarán sin hacer preguntas y empezarán a saltar, chillar y disparar a una auténtica legión de criaturas alienígenas que por supuesto están ahí, aunque tú no puedas verlas, y te gritarán que te lances al suelo para que no te agarren con sus tentáculos. Pero… ¿y los adultos? ¿Crees que los adultos pueden sorprenderse de las mil y una maravillas que nos trae cada día?)

Alba Findemidia reflexionó… Trató de encontrar algo que la hubiera sorprendido a lo largo del día… No hallaba nada. Pero de pronto se concentró en la manzana que tenía en su mano; reflexionó en la maravilla de que esa manzana estuviera allí, en su casa. ¿Cuál era la historia de esa manzana? ¿Cómo habría llegado hasta ella? ¿Cómo sería el árbol en el que nació? ¿Cuánto tiempo tardó en formarse? ¿Quién la recogería? ¿Qué sistema de producción usarían los agricultores? ¿Cuántos y qué intermediarios la llevaron hasta ella? ¿Cómo la transportaron y a través de qué mercados pasó para llegar hasta sus manos? E incluso, pensando en esto, llegó a preguntarse cuánto tiempo tardó el polvo estelar en surcar el espacio, hasta este planeta, y cómo a través de millones de años y de incontables mutaciones, se recombinó para formar el árbol que dio a luz esta manzana, compuesta de incontables átomos que no dejaban de moverse, a pesar de que la manzana en apariencia estaba inmóvil. Se sorprendió de cómo a veces damos por sentado que tener una manzana en la mano no tiene valor alguno, cuando en verdad el proceso de que la manzana haya llegado hasta ti alberga no solo una historia, sino miles, a cuál más rica y sorprendente.

4. ¿Qué has aprendido hoy acerca del amor?
(El amor, y no solo en el contexto del amor romántico, sino en un contexto mucho más amplio, incluso filosófico, es un poderoso motor para nuestra vida… Quizás el más importante).

Alba Findemidia comprendió que su sensibilidad y amor por los gatos la impulsaba a alimentar una colonia de felinos que hay en su barrio. Y el alimentar a dicha colonia es producto de la compasión hacia otros otros seres que no pueden valerse solo por sí mismos. Comprendió que todos estamos en este inmenso mar de sufrimiento, pero también de abundancia. Y todos podemos hacer nuestra parte, poner el proverbial granito de arena, para aliviar el sufrimiento de otro. En su caso, es por amor que alimenta esta colonia de gatos. Ella simplemente hace su parte. Quizás parezca pequeña e insignificante, pero para esos gatos, tener comida y agua cada tarde supone la diferencia entre la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, y eso es todo un mundo para ellos. En cierto modo, salvarlos a ellos supone para ella salvarse a sí misma.

Todos aprendemos y automatizamos diferentes patrones a lo largo de nuestra vida, pero ahora siempre podemos cambiar. A veces nos aferramos a lo antiguo porque queremos que el pasado sea diferente, pero el pasado no existe, pues es solo memoria. Cuánto más presentes estamos en el aquí y el ahora, más fácilmente podemos desprendernos de lo antiguo.

Aferrarse a lo viejo hace difícil que aparezca lo nuevo. Tu vida es tu vida, pero, como el río de Heráclito, nunca es, instante a instante, y aunque te parezca lo contrario, la misma vida.

Espero que este artículo te haya servido para explorar tu propio interior, pues el viaje al interior es el más increíble de los viajes que puede hacer un ser humano. Recuerda que ante situaciones difíciles y complicadas visitar a un psicólogo sanitario puede ser una muy buena opción para clarificarte y superar aquello que ahora te hace sufrir. Si te ha gustado este artículo te invito a que te suscribas a mi Newsletter para recibir automáticamente mis entradas y así estar al tanto de diferentes e interesantes temáticas y recursos de psicología. Me encantaría verte entre mis suscriptores.

Que tengas un día maravilloso.

Natalia Aguado (psicóloga sanitaria), con la colaboración de Andrés Díaz Sánchez (escritor).

NVAG Centro de Psicología es un centro sanitario en Alcobendas (Madrid), en el cual la psicóloga sanitaria Natalia Aguado ofrece servicios de psicoterapia. Para más información visita www.nvagpsicologia.com