Son las 8:00 h y Abelardo Acomplejado acaba de terminar su rutina diaria de ejercicios. Hoy ha conseguido completar 50 flexiones de brazos seguidas… Se siente poderoso, orgulloso, lleno de energía, ¡increíblemente bien! Ha conseguido su mejor marca haciendo flexiones sin parar, ¡ha batido su propio récord! Abelardo es atlético, musculoso, buen trabajador, simpático e inteligente… Cualquiera que lo evaluara desde el exterior podría asegurar que Abelardo Acomplejado es un tipo fantástico… aunque a veces se comporta de forma extraña.

Si nos metemos y ahondamos en su interior descubriremos que en realidad es una persona atormentada, pues tiene un complejo que le desgasta emocionalmente.  Y todo tiene que ver con la pérdida de cabello… ¡Esas horribles entradas que ya avanzan sin prisa ni pausa, desde la frente! ¡Y ese círculo pelado en la coronilla! Solo tiene veinticinco años y ya se ve como un señor mayor, a punto de jubilarse. Frente al espejo, trata de hacerse peinados imposibles para tapar su temprana calvicie; se peina hacia delante como los antiguos romanos, hacia atrás, a los lados, se hace remolinos o aplasta el cabello intentando ocultar lo que ya no se puede ocultar. Esto es lo peor de lo peor, se dice así mismo… ¡Parezco un puñetero monje! Es espantoso… ¡Terrible! ¿Qué va a ser de mí? Violeta Diosa nunca se fijará en mí…Violeta Diosa es una compañera de trabajo y es absoluta e indiscutiblemente perfecta, simpática, atractiva, con un cuerpazo que quita el sentido… Su amor platónico, a la fuerza, pues él cree imposible que se fije en un calvorota como él. ¿Cómo va a estar con una bola de billar cuando tiene a su disposición una legión de jóvenes de pelo abundante e impertinente, incluso melenudos? Piensa que sus compañeros le miran demasiado la cabeza: ¡todo el mundo me mira la cabeza! Creen que no me doy cuenta, ¡pero lo noto! A Abelardo Acomplejado le gusta la música heavy de los 80, esos cantantes con esas greñas majestuosas, esos fans en los conciertos, moviendo la cabeza y haciendo ondular las melenas al son de una canción de Obús o Iron Maiden. Mis colegas heavies y rockeros van todos con sus melenas… y yo casi puedo descubrir sus sonrisas de suficiencia cuando ven mi coco pelado. ¡Capullos! ¿Será por mis entradas? Quizás se rían por estos peinados tan ridículos que me hago, para que no se vea tanto la llanura… Ha probado a llevar gorras de moda, sombreros, gorros de invierno, viseras… Pero es difícil esconder la alopecia y además está seguro de que todas las personas con que se encuentra han de preguntarse por qué usa la gorra… ¿No será porque estoy quedándome calvo? ¿No será porque tengo sobre los hombros una gran canica? ¿Cómo es posible que me pase esto, con la melena que hasta hace uno o dos años tuve! Era la envidia de mis colegas y yo la cuidaba mucho. Pero poco a poco llegaron las entradas y ese agujero blanquecino en la coronilla, y con horror se dio cuenta de que nada de ello desaparecía, ¡sino que además crecía!, así que se tuvo que cortar la melena, porque no hay nada más patético que un rockero greñudo pero con una luna llena en la cabeza. Sí, claro, se dice con amargura, mucho músculo, muchas flexiones, un buen trabajo y mucha gaita, sí, sí…, pero… ¿y las entradas? ¿Qué?… ¡Es absolutamente imposible que pueda ser feliz con estas entradas! Mi vida es un horror continuo, un pozo oscuro de sufrimientos, ¡porque me quedo calvo…! ¡Calvo! Estas son las amargas reflexiones que se hace Abelardo Acomplejado frente al espejo, mientras sigue haciéndose raros peinados, incapaces de ocultar la realidad.

Los psicólogos sanitarios podemos ver en nuestras consultas personas que sufren a causa de los complejos: estar gordo o gorda, tener el pene pequeño, tener pechos diminutos o muy grandes, tener los tobillos anchos, tener pistoleras o el culo enorme, tener demasiados granos, una nariz ganchuda, mi color de ojos es de color caca y yo los quiero azul cielo, estoy contrahecho, bizco, deforme, soy demasiado bajito o bajita, soy alto o alta como una jirafa, tengo los pies de pato, tengo los pies diminutos, tengo voz de pito, ya me han salido arrugas, parezco demasiado joven, casi un niño o una niña, o bien parezco demasiado mayor para mi edad, tengo manchas en la piel… Y no solo los complejos con raíz en el cuerpo físico, sino de otro tipo: gano muy poco, soy tonto o tonta, soy tan tímido que me odio, soy demasiado joven o bien soy demasiado mayor, no tengo carácter, no tengo personalidad ni carisma, todos se ríen y burlan de mí, no impongo respeto, qué aburrido soy, no me toman en serio y no sé defenderme ante la gente… Y un larguísimo etcétera. Hay muchos y muy variados complejos y algunos son sorprendentes, casi increíbles.

En realidad, cualquier cualidad física, mental o emocional puede ser deformada por medio de una perspectiva errónea, a menudo irracional, de nuestro pensamiento. Nuestra forma de interpretar la realidad puede conseguir que algo objetivamente ni grave ni importante se convierta en un problema gigantesco y una fuente inagotable de angustia. Sobre la irracionalidad de los pensamientos puedes leer mis entradas TODO/NADA, SIEMPRE/NUNCA y EMOCIONES QUE NOS ROBAN LA CALMA.

El gran problema de las personas que tienen un complejo es precisamente que lo esconden. Les da tanta vergüenza que no pueden soportar que otros vean ese complejo. La mirada del Otro puede causar un gran pesar y sufrimiento porque en el reflejo del Otro nos vemos, nos evaluamos y medimos… Y en la mirada del Otro muchas veces lo que necesitamos ver es cariño, atención, aprecio y amistad, no disgusto. El complejo promueve la idea (subjetiva, por supuesto) de que primero el Otro nos va a repudiar, y luego no podremos soportar ese disgusto y ese repudio del Otro. Por ello se gasta tantísima energía en esconder y ocultar el complejo, y en ocasiones resulta algo imposible de esconder. Todo esto produce mucho sufrimiento, inseguridad y zozobra.

La paradoja y la trampa mortal de los complejos es que, por mucho que escondas algo que te causa vergüenza, es difícil que ese ocultamiento provoque la buena opinión o el amor del Otro, porque resulta difícil confiar en alguien que está escondiendo continuamente algo. El Otro puede intuir o sospechar que le escondes algo, que tu comportamiento no es natural, sino huidizo y misterioso, y eso lleva a no acercarse a ti, a no valorarte como a una persona sincera y honesta… No lo dudes: los complejos se huelen a la legua. Los complejos apestan y los demás tienen el olfato muy fino, así que por mucho que intentes ocultarlo, de algún modo se darán cuenta. Por tanto, lo que realmente conseguimos al tratar de ocultar obsesivamente nuestros defectos (reales o no), es precisamente lo contrario de lo que queríamos conseguir: la aprobación del Otro. Y viceversa: lo que conseguimos es exactamente lo que queríamos evitar: la desconfianza, la desaprobación e incluso la burla del Otro. Esto crea un círculo vicioso y mete a la persona en esa trampa mortal de la que hablaba antes. Por ejemplo: yo no hablo mucho con la gente porque tengo voz de pito y encima, siendo culturista, se van a reír aún más de mí; pero por no hablar y ser tan callado, te toman como a un tipo extraño e innatural, un bicho raro; tu comportamiento induce a la desconfianza, se intuye que quieres ocultar algo a la gente, y a nadie le gusta que intentes ocultarle algo. Si en lugar de esconder esa voz de pito la usaras sin complejos, quizás al principio sonrieran y les chocara, pero al cabo de poco se acostumbrarían y te aceptarían sin problemas.

Esta suele ser la solución ante los complejos, sean como sean: la honestidad y la sinceridad en el trato con los demás, el presentarse tal y como eres aunque creas que se van a reír de ti o que te van a dar de lado. Y es que la gente suele aceptar con sorprendente facilidad al que no tiene miedo de ser como realmente es, con todos sus defectos. Es más: precisamente por ello, por la exhibición natural y libre de sus defectos, a menudo se le valora y respeta todavía más. Todos somos seres humanos vulnerables, con zonas oscuras, con miedos y limitaciones, y quienes no ocultan sus imperfecciones y las muestran con naturalidad nos lanzan un mensaje de valor. El valor es algo que es necesario, todos lo necesitamos ante los mil desafíos de la vida, y agradecemos y admiramos de manera espontánea y automática a quienes lo muestran en su día a día.

Como siempre te digo en mis artículos, cada persona tiene su propia historia personal, sus propias características biológicas, familiares, su propio contexto experiencial y su propio aprendizaje; en definitiva, cada persona es en sí misma un universo. No hay nadie más pequeño ni nadie más grande, ya sea un mendigo o un presidente del gobierno: para la psicología cada persona es un mundo. Por tanto, con cada ser humano habrá que hacer una evaluación personal y profunda para averiguar cómo ha llegado a ese nivel de sufrimiento. Lo que le vale a una persona no tiene por qué valerle a otra y los psicólogos somos expertos en encontrar los diferentes caminos de bienestar para cada paciente. La terapia nunca es un objeto de producción en masa, sino algo individual, como un traje a medida. Cada persona necesita su terapia individualizada, hecha exclusivamente para ella. Por tanto, deberías huir (a la carrera, si es necesario) de quienes pretendan vender pantalones para todos porque a él o ella ese pantalón le va de fábula. Los buenos pantalones psicológicos se hacen siempre a medida. Incluso es posible que lo que necesites no sea un pantalón, ¡sino una falda! Mucho cuidado con los vendedores de soluciones rápidas y generales. A la larga no solucionan nada y quizás agraven el problema.

Dicho lo anterior, te voy a presentar un ejercicio para que te enfrentes a tu complejo. Recuerda que esto no es más que un artículo de interés, tal vez para que reflexiones, y ahondando en lo que he dicho en el párrafo anterior, quizás te sirva o quizás no te sirva para nada. Si te sirve, genial, pero si no te sirve no hay problema, este no es tu camino y habría que ir por otros senderos. Si tienes algún complejo que te roba la calma y las energías y que se te hace muy difícil manejarlo en tu día a día, los psicólogos sanitarios podemos ayudarte a superarlo.

El ejercicio consiste en eso de lo que hablaba más arriba: no esconder lo que tanta vergüenza te da y ser tú mismo, espontánea y naturalmente, con todas las consecuencias, sean cuales sean. Eres un ser humano real, con defectos, que tiene mucho que mejorar y que en cada paso de la existencia crece un poquito más ¿Y cómo puedes hacer eso, si hay algo en ti que te da una vergüenza atroz? Este ejercicio quizás pueda ayudarte a superarlo.

Primero: busca referentes positivos. Pueden ser personas famosas o bien personas anónimas que conozcas. Deben ser personas a las que admiras por su valor al no esconder aspectos o cualidades que a ti te daría vergüenza mostrar, personas que tienen un defecto muy obvio, algo que todo el mundo ve; pero a ellos les va fenomenal y no parece que su defecto les impida ser encantadores y carismáticos, dignos de amor y respeto. Recuerda: es posible que lo que tu veas como defecto otros no lo consideren como tal. No todas las personas interpretan la realidad de la misma manera y lo que para una puede ser horroroso para otra es una maravilla. A poco que busques en tu vida cotidiana, en libros o en internet, encontrarás referentes que cumplan esas características.

Por ejemplo, Abelardo Acomplejado escogió a tres calvos famosos y exitosos: Vin Diesel, Zinedine Zidane y Rob Halford (cantante del grupo de Heavy Metal Judas Priest).

Segundo: túmbate en la cama o siéntate en un sillón cómodo, cierra los ojos y visualiza cómo sería tu vida si mostraras sin problemas tu defecto. Sin vergüenza, exhibiéndolo descaradamente. ¿Qué te preguntarían? ¿Qué les responderías? Imagina cómo te mirarían, respóndeles a su mirada con una gran sonrisa o como mejor te convenga, y recuerda siempre a tus referentes… ¿qué harían ellos?

Abelardo Acomplejado se imaginó yendo al trabajo, a los bares, al gimnasio y a cualquier parte con el pelo rapado, con la bola de billar al aire, imposible de esconder, a la vista del mundo entero. Imaginó las miradas de los otros, de personas conocidas y desconocidas, y entonces se preguntó cómo reaccionarían Vin Diesel, Zidane o Rob Halford, y sintió que ellos le transmitían una gran energía para seguir andando con decisión: ¡sí, aquí estoy yo y mi chupachups! Mi calva y yo vamos juntos a todas partes… ¡Miradme la calva!

Tercero: ¡actúa! Una vez que lo hayas imaginado repetidas veces, llega la hora de… ¡Actuar! Pon una fecha, un día, hora y lugar para practicar la exhibición desvergonzada de tu defecto y para lanzarte al miedo de una vez por todas.

Abelardo Acomplejado decidió que hoy mismo se raparía la cabeza y a las 19:00 saldría de casa para dar un paseo y tomar unas copas con los amigos, que se sorprenderían de su nuevo aspecto. Está decidido a aguantarlo todo y a no dejarse amedrantar por ninguna clase de vergüenza ni duda, aunque se rían, le critiquen y traten de tomarle ese pelo que ya no tiene. Pase lo que pase, está decidido a seguir ahí y a aguantarlo todo sin desmoronarse ni salir corriendo. ¡Vin Diesel no lo haría, pues yo tampoco! Esa será la presentación en sociedadde su defecto.

Cuarto: no dejes de practicar la exhibición de tu defecto (según tú, recuerda, pues con el tiempo verás que no es un defecto sino una cualidad más de tu persona). Primero deberás hacerlo intencionadamente, poniéndote día y hora, y luego has de ir soltándote, hasta que te deje de afectar.

Abelardo Acomplejado decidió planificar por escrito que una vez rapado, se pondría la gorra o el sombrero en ciertas ocasiones y en otras no la llevaría, hasta que poco a poco los días de calva al aire fueran más frecuentes, en una especie de entrenamiento continuo. Decidió que solo usaría la gorra los lunes, martes y jueves. Los miércoles, viernes, sábados y domingos se comprometió firmemente consigo mismo a no usarla, pasara lo que pasara.

Es posible que pienses que esto te va a crear mucha ansiedad, miedo e inseguridad. Déjame decirte que es absolutamente normal y que le ocurre a todas las personas que han vencido un complejo. Al principio muchas emociones y pensamientos querrán sabotearte e impedir que lleves a cabo la presentación en sociedad de tu defecto. Vendrán miles de excusas que considerarás convincentes, y con ellas la dulce tentación de ir postergándolo para cuando llegue un momento mejor. Pero no hay ningún momento mejor. Nunca lo habrá. No habrá jamás un momento perfecto, todos son imperfectos, sea ahora o dentro de una semana o un año. Y al mismo tiempo todos son perfectos, porque el único momento perfecto es este: el presente. El presente es tu único momento, el único que tienes, y es igual de perfecto que de imperfecto. Por eso es importante que empieces ya, ahora, sin esperar ni un minuto más, para lanzarte al miedo, y para eso en primer lugar hay que planificar por escrito qué días o en qué lugares lo harás, sin dejarlo todo en el aire, porque al escribirlo te comprometes aún más, y si no lo haces es más fácil que desistas y te rindas. Sobre la postergación puedes leer mi articulo: TODO PUEDE EMPEORAR. EL VALOR DE LA ACCIÓN.

También debes tener en cuenta que al principio muchas miradas se posen en ti y que aparezcan miles de preguntas y de dudas, y que tendrás que permanecer firme como una roca y cumplir tu plan. Aún más: puede haber personas maleducadas, impertinentes y morbosas que te harán preguntas indiscretas, y también hay personas malintencionadas y mezquinas a las que les gusta reírse de los demás, los típicos graciosos que quizá se burlen de ti; hay que tener cuidado con las personas que se suelen burlar de quienes hacen esfuerzos para mejorar su vida, tachándolos de tontos y disminuyendo todos sus logros entre chistes y sonrisas de suficiencia (por cierto, normalmente quienes menosprecian y se burlan de los esfuerzos de los demás suelen hacerlo para ocultar serios problemas de confianza en sí mismos). Puede que recibas críticas severas, pues ciertas personas preferirán tu yo anterior, más vulnerable, personas a las que les gusta tener más poder aprovechando la debilidad de los otros, y que quieren mantener su estatus de superioridad sobre los desvalidos que tienen alrededor; estas personas sienten mucho miedo cuando las personas cercanas se vuelven más seguras e independientes, y en lugar de animar a sus seres queridos y amigos para que se hagan más fuertes y sean más felices, se revuelven y tratan de sabotearlos, y practican con ellos todo tipo de chantajes emocionales, tratando de hacerles sentir culpables de su propia inseguridad hacia ellos; pero esa inseguridad es suya, no tuya, y es un problema con el que ellos, y no tú, deben lidiar. A la larga, lo peor para ellos y para ti es seguirles el juego. Y también están los pesimistas existenciales de turno que te dicen que esta vida es una mala noche en una mala posada, que nada merece la pena, los pesados, los cuñaos, los enteradillos y listillos que todo lo saben y que no paran de dar consejos, los del tienes que… Sí, es muy posible que encuentres a toda esta fauna en tu camino. Pero puedes superarlos y dejarlos atrás. Si te resulta difícil lidiar con ellos, vuelve al ejercicio y piensa qué harían tus referentes con ese tipo de personas. Tus referentes serán tus guías, ellos te muestran el camino. Si ellos lo superaron, tú también puedes. Has tomado un compromiso inquebrantable contigo mismo para superar tu complejo y te aseguro que la persistencia dará unos frutos extraordinarios.

Por otro lado, también vas a encontrar gente que te apoye, que se alegre sinceramente por tus mejoras, que te felicitarán y te animarán a seguir adelante, gente a la que le gustará más tu nuevo yo… E incluso gentes que están pasando por tu mismo infierno y que te preguntarán como lo has hecho, gentes que sentirán admiración y respeto, y a los que les harás sentirse motivados para dar ellos también el salto hacia el miedo. No somos islas incomunicadas: todo está entrelazado y tanto lo que hacemos como lo que no hacemos influye en los demás; si tú logras superar un complejo, no te quepa ninguna duda de que de algún modo estás ayudando indirectamente a que otros también lo superen. Es otra razón para mejorar: tú mejora como persona promueve la mejora de otras personas. Estamos acostumbrados a pensar que el mundo es por fuerza un lugar horrible para los seres humanos, que la vida no tiene sentido, que todo es horrible y que mi vida está fuera de mi control. El pesimismo, la tristeza, el derrotismo y la maldad son casi infecciosos, contagian y empeoran a todo el que está cerca… Pero de igual modo, el entusiasmo, la fortaleza, la alegría, la ilusión, el coraje, la disciplina, la bondad y la dignidad son también infecciosos. Tú puedes motivar a los demás a cambiar su vida a mejor, igual que hiciste con la tuya. Para cerrar el círculo (no vicioso, sino positivo), tú puedes llegar a convertirte en el referente para otros. Por tanto, estarás contribuyendo a hacer un poquito mejor este mundo y disminuir el sufrimiento de las personas que viven en él. Puede ser tu propio granito de arena, que ayude a marcar una diferencia.

La práctica normalizará tu nueva situación y al final tanto a los que les guste como a los que no, dejarán de sorprenderse y acabarán acostumbrándose. Al fin y al cabo, si llueve a unos les molestará y a otros les alegrará, pero no se puede hacer nada para evitarlo. Si tú persistes, tampoco nadie podrá evitarlo y se acostumbrarán. Y lo más importante: tú te acabarás acostumbrando a tu nuevo ser. Con el tiempo desaparecerá el defecto de tu mente, pues en realidad era una ilusión, un juego de magia, pues nunca tuvo una existencia objetiva y real. El complejo fue creado por tu mente y solo ella le daba importancia. No solo has cambiado la mirada del Otro, sino que has cambiado tu propia mirada, el modo en que te ves a ti mismo. Y eso es lo fundamental.

Ante los defectos tienes dos caminos: intentar esconderlo por el terror y la vergüenza al qué dirán, gastando una enorme energía en dicho fin, para al final tampoco obtener realmente ninguna aprobación… O bien decidir tomar el camino del guerrero y lanzarte y exponerte al miedo, y resistir con firmeza ante el miedo hasta que el miedo simplemente se desvanezca. Si aceptas tus defectos insoportables y los muestras con naturalidad, acabarás siendo la persona que realmente quieres ser.

Lo que ocultas, persiste. Lo que muestras sin miedo, desaparece. Tú decides.

Espero que este artículo te haya servido para explorar tu propio interior, pues el viaje al interior es el más increíble de los viajes que puede hacer un ser humano. Recuerda que ante situaciones difíciles y complicadas visitar a un psicólogo sanitario puede ser una muy buena opción para clarificarte y superar aquello que ahora te hace sufrir. Si te ha gustado este artículo te invito a que te suscribas a mi Newsletter para recibir automáticamente mis entradas y así estar al tanto de diferentes e interesantes temáticas y recursos de psicología. Me encantaría verte entre mis suscriptores.

Que tengas un día maravilloso.

Natalia Aguado (Psicóloga Sanitaria) con la colaboración de Andrés Díaz Sánchez (escritor).

NVAG Centro de Psicología es un centro sanitario en Alcobendas (Madrid), en el cual la psicóloga sanitaria Natalia Aguado ofrece servicios de psicoterapia. Para más información visita www.nvagpsicologia.com